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lunes, 15 de agosto de 2016

Perdón, Mónica

Mónica:

Voy a establecer un punto bien claro desde el principio:

Hubo un tiempo en que pensé que no llegarías muy lejos. Que solo serías una "promesa" sin cumplir. Perdóname por eso. 

Llevo varios años escuchando tu nombre destacarse en categorías inferiores, como nuestra más grande promesa en el tenis. Y eso yo siempre lo he respetado: el trabajo duro, desde abajo. Pero, en mi infinita ignorancia en el deporte, veía la otra parte de la moneda: jóvenes de tu edad -y hasta menores- que ya despuntaban en la élite del deporte a nivel profesional. Veía las Mónica Seles y Jennifer Capriatti de la vida ser las primeras raquetas del mundo en sus años adolescentes. Y no veía ese nivel en ti a esa misma edad. Pensaba: "ay bendito, esta nena como que se está quedando estancada. No llegará a nada importante." Como te dije, soy un ignorante deportivo, y pensaba que el camino de cada atleta es igual. Perdóname por no creer en ti. 

Probablemente no fui el único que pensaba así. Aquí, el atleta del patio si no trae medallas no sirve en nuestra infinitamente estúpida opinión, sin poner en una balanza los muchos factores que influyen en ganarlas. Nos olvidamos que no todos los atletas son "fenómenos", que son buenos desde el saque. Todo atleta debe prepararse física, mental y tácticamente para enfrentar a su competencia y dominarla. Y, de solo verte, se ve que el trabajo lo has hecho a diario. Tu desarrollo a nivel juvenil, universitario y profesional te apoya. Perdóname si no le di crédito a tus resultados.

Entonces llegaron los Juegos Centroamericanos, los Panamericanos, los torneos profesionales... Nos enseñaste cuánto habías madurado, cuánto habías aprendido, la categoría de jugadora que tienes. Te convertiste poco a poco en una de las "garantía de medalla" de la delegación puertorriqueña. Ya la pregunta no era: "¿ganará algo?", sino: "¿qué medalla ganará?" "¿a quién derrotará?". Tus triunfos se acumulaban, tu ranking escalaba posiciones a pasos agigantados... Y me volviste un creyente, un fanático tuyo. Porque, aún cuando pasaba el tiempo, sigues siendo una jovencita. Estabas empezando prácticamente y ya no eras una promesa. Eras el presente y el futuro del tenis puertorriqueño. Aún con muchos escépticos, yo incluído. Perdóname por eso. Estrellas como tú no nacen por montones. 

Llegan las Olimpiadas, y ¡qué despliegue de estrellas en el tenis femenino! Las mejores raquetas del mundo fueron a Río, incluyendo a las hermanas Williams (las cuales se fueron sin medallas, ¡qué cosa!). Se te cruzó la mayoría de ellas en el camino... y les pasaste la aplanadora. Cayeron como moscas, todas. Y tú, sólo tú, quedaste en pie, sonriente, llena de vida, mostrando con orgullo nuestra bandera. Y sonó La Borinqueña en Brasil. Las gestas de los más grandes atletas de nuestra tierra, aquellas que muchas veces no fueron premiadas, pasaron frente a nuestros ojos mientras te veíamos llorar de alegría en lo más alto del podio. Ya no era bronce con sabor a oro. Ya no era plata con sabor a oro. Ya no era una participación honrosa. A través de ti recordamos y valoramos a todo aquél que ha vestido nuestros colores aún con lo malagradecidos que hemos sido con ellos. Tu medalla de oro la celebramos todos, tus compañeros atletas y los que no jugamos ni bolita y hoyo. Y todos aprendimos que la opinión que realmente importa es la que tengamos de nosotros mismos. Perdona si proyecté mis fallos y malos resultados en ti. y gracias por la lección.

En una época en la que nuestra identidad como pueblo y como personas ha sufrido grandes golpes, tu ejemplo de resiliencia nos hace mirar con esperanza. A soñar. A entender que sólo el compromiso y el trabajo duro da frutos. Que seremos lo que creemos que somos. Y que no es la meta, sino el camino el que debemos disfrutar. A nosotros como pueblo nos espera un camino tortuoso, lleno de difíciles decisiones. A ti también: tienes toda tu carrera por delante y decidirás hasta donde llegarás, lo que estás dispuesta a sacrificar. Pero de algo si estoy seguro: todo el país te apoyará. Te seguirá a donde vayas, y reirá y llorará contigo tus triunfos y derrotas. Esta vez, sin dudas que eres de las mejores del mundo, que serás siempre nuestra campeona. Gracias por todo. Y gracias por hacerme quedar mal.

Perdóname, he sido un hombre de poca fe...


lunes, 13 de febrero de 2012

¡Sobrepasas mi imaginación!

Fueron muchos años separados por diferentes circunstancias. Pero no hay distancias ni tiempo fuera del alcance de Dios. Una noche nos encontramos de nuevo y, desde entonces, hemos caminado juntos.

Con nuestras altas y bajas, aprendemos cada día a amarnos, respetarnos y apoyarnos más y más. Son muchos sueños que compartimos y trabajamos para hacerlos realidad poco a poco. Y por más que tarden, quiero realizarlos contigo... ¡sólo contigo! Porque al día de hoy no he encontrado palabras para describir lo feliz y bendecido que me siento por tu sola existencia, por tu presencia en mi vida y por todo el amor que me das.

Ni en mis más ambiciosos sueños ni con mi imaginación en su momento más lúcido hubiese inventado una mujer como tú, divina creación. Te amo tanto, tanto, que estas palabras se quedan cortas. Sólo le pido a Dios que me permita envejecer contigo. ¡Te amo, mujer bella!

martes, 2 de agosto de 2011

¡Dame la C! ¡Dame la O! ¡Dame la N! ¡Dame la F! ¡Dame la I! ¡Dame laA! ¿Qué dice? ¡CONFÍA!

"Confiar: Esperar con firmeza y seguridad" (Diccionario VOX Ilustrado de la Lengua Española, 14a. edición).

La simple acción de abrir un periódico de este país es equivalente a un acto de masoquismo. Desde la primera hasta la última página es un muy buen intento de amargarte la existencia... buen intento en el sentido de lo efectivo que resulta. Si no matan a 3 mozalbetes en la autopista, unos padres irresponsables asesinan con su negligencia o su maltrato físico a su indefensa criatura. Si no es que saquean las escuelas de este país, nuestros funcionarios electos forman un circo de insultos e improperios contra el adversario político, culpándolo del desastre que han provocado juntos por tantos años. Si no es que nos recuerdan que cada vez somos más pobres, vemos en los medios de comunicación cuanto payaso o payasa se presta para ridiculizarse frente a nuestros ojos y nuestras pantallas de TV. También.

Yo no sé ustedes, pero a mí me entra el espíritu de Bruce Lee para entrarle a patadas a dos o tres...

Lo importante es aceptar que este mundo sigue su curso prescindiendo de la esperanza. Es una resignación global, generalizada, como si no hay nada que hacer. Si, las cosas están malas, la calle no está fácil... Lo sé, y a veces me cuesta encontrarle sentido. Y con esas cargas llegamos a casa y tratamos de lidiar con la convivencia en el hogar... Hay que pagar las cuentas, los niños tienen problemas en la escuela, la pareja no se entiende, si estamos enfermos hay que bregar con la condición y el montón de medicamentos, y seguimos y seguimos...

Y tú te puedes estar reventando, pero el mundo sigue su curso. Entonces uno analiza qué opciones tiene: que se fastidie todo y dejo que me lleve la corriente; me vuelvo un rebelde y lucho contra mi entorno; o lucho CONFIANDO en que esta vida puede ser mejor con la actitud y las acciones correctas.

Yo CONFÍO que nuestros niños (con nuestra buena crianza) serán grandes líderes de nuestro país. Yo CONFÍO que, si transmitimos valores con la palabra y la acción, nuestra juventud y sociedad vivirán una vida más sana. Yo CONFÍO en que hay mucha gente buena que quiere servirle al país y que le podemos dar la oportunidad con nuestro voto. No a los partidos; a las personas. Yo CONFÍO que el amor que me unió a mi pareja la primera vez nos ayudará a comunicarnos y a llegar al entendimiento. Yo CONFÍO que, aunque el dinero no llegue en igual cantidad que antes, sabré establecer prioridades. Yo CONFÍO que la enfermedad no tiene poder sobre mi alma. Ataca al cuerpo, pero mi alma está en manos de mi Creador...

En este mundo hay que esperar con firmeza, aunque duela, aunque nuestra naturaleza humana nos diga lo contrario. Así como el mundo sigue su curso, así debo seguir confiando... En este mundo hay que esperar con seguridad, de que mi Creador vela mis pasos aún en la oscuridad y no dejará que me pierda. Confío en que tiene mi bendición esperando a que la reclame.

Este mundo no da ni pide tregua. Esta vida es dura, como un maratón que hay que terminar... Aunque sea caminando. Esta vida es como una pelea callejera, donde todo es válido. Y yo voy armado hasta los dientes, confiando en mi victoria. Porque en este cuadrilátero llamado vida, no hay "time-outs" ni se tira la toalla. Hay que pelear "de campana a campana".

“Por eso mismo estoy sufriendo ahora. Pero no me avergüenzo de lo que me pasa, porque yo sé bien en quién he puesto mi confianza”. 2 Timoteo 1:12a