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lunes, 14 de diciembre de 2015

Volvemos a la carga

Se acabaron las vacaciones. Bueno, todavía no, pero casi. Ya vuelvo a trabajar esta semana, luego de unas merecidísimas vacaciones en las que trabajé más que lo que descansé. Y pues, sabemos y podemos inferir que, lamentablemente, no descansé tres ca... Lo bueno fue que no gasté mucho. Probablemente porque no tenía dinero. Pero ese no es el punto. El punto es que volvemos a la carga.

Sinceramente, tengo tantas ganas como ninguna de volver. Y no me malinterpreten, me gusta mi trabajo. Trabajar en la calle es lo que me gusta, el contacto directo con la gente (aunque mi personalidad indique lo contrario). Pero llega un tiempo en el que los problemas del diario vivir, las pruebas, las vicisitudes, se van acumulando y se hace cada vez más difícil levantarse de la cama. Y en esos momentos debemos recordar el propósito en nuestra vida. 

No vivimos para trabajar, sino que trabajamos para vivir. La felicidad no está en nada externo, sino en nuestro interior. La vida es bella, aunque sea injusta a veces. Hay que vivir intensamente, porque el tiempo de estar muertos será bien largo. En esta vida, todos tenemos un propósito, y eso es lo que nos mueve.

Vuelvo y les digo, no tengo ningunas ganas de volver. Estaba de lo más bien en mi casa descansando. Pero mi lugar y dónde está mi propósito es en mi trabajo. La bendición está en el trabajo bien hecho. Quien será bendecido será quien es fiel, haya mucho o poco. Y yo sé qué significa "poco". Y estoy aquí de pie, todavía. Y vamos pa' lante, con cansancio, con decepciones, con cargas. Y a llorar pa' maternidad. Hoy vuelvo a la carga. Hoy lucho, mañana veré los frutos de mi lucha. 

lunes, 26 de octubre de 2015

#AbrazaLaCrisis

Ese es el hashtag con el que cierro los status de la página de Facebook de este blog, así como los tuits y textos en Twitter e Instagram, respectivamente. es una invitación corta y precisa: "abraza la crisis." Si la analizamos así como está, es una total contradicción. ¿Quién demonios quiere "abrazar" algo tan negativo, tan drenante, tan angustioso, tan incierto? Yo busco abrazar lo positivo, lo que añade a mi vida, lo que suma, no lo que resta. Lo abrazo para hacerlo parte de mí, para ser mejor persona, para crecer...

Me dices por un lado que tenga una actitud positiva, que me rodee de personas que me hagan mejor, que no me rinda, etc. ¿Pero me aconsejas que "abrace la crisis"? O sea, que acoga en mi diario vivir todo eso que lo único que causa en mí es tristeza, tensión, frustración, carencia, vacío... Es un mensaje absolutamente contradictorio.

Parece, pero no lo es. Porque así mismo como digo #AbrazaLaCrisis, también digo:

La crisis es OPORTUNIDAD.

Oportunidad que se presenta para quienes ven a la crisis de frente y no la ven como el final del camino, sino solo como un pequeño desvío que debe ser sobrepasado. Porque la crisis siempre ha existido, desde que el hombre es hombre, y ha sido detonante de los grandes cambios antropológicos, sociales, biológicos de la historia. En nuestras sociedades, tan dinámicas y cambiantes como los seres humanos que las componen, son las crisis las que nos mueven a adaptarnos, a sobrevivir, a seguir adelante. Las migraciones, las guerras, las hambrunas, las sequías, entre otros, nos mantienen en guardia y alertas. Se presentan y demandan acción de nuestra parte. 

Por lo menos en Puerto Rico, la cosa está mala, no sé en otros países en los que me leen (porque me leen en los 5 continentes, graciosos). A todos y cada uno de nosotros nos ha tocado la crisis económica, social, laboral, moral, etc. O un divorcio, un despido, una enfermedad, un crimen, algún brazo de esa omnipresente crisis nos ha alcanzado. Y aprieta duro, ¿saben? Y nos deja sin aire. Y duele. Y te preguntas: ¿por qué a mí? Si yo soy una buena persona, ¿tan malo he sido? Aclarando, el que pases por una crisis no tiene NADA que ver con que seas o no una "buena persona." Tiene que ver, según mi experiencia, con una sola razón: la vida es bella, pero a la vez es injusta. Suena fuerte, ¿verdad? Pues si, nadie es invulnerable al dolor ni al sufrimiento. Nadie es inmune a la crisis.

La vida, a través de las personas y situaciones, te va a fallar, te va a decepcionar, te va a quitar la paz y la estabilidad. Y no hay break, no hay forma de escapar de eso. Y cada persona lo toma de diferente manera. Unas campean el temporal. Otras... bueno, digamos que enganchan los guantes antes de tiempo. Estas últimas no vieron la oportunidad, solo la crisis...

Ese divorcio puede ser la oportunidad de un nuevo amor, y de arreglar las diferencias con tu antigua pareja en un escenario que no envuelva la convivencia diaria. Esa pérdida de empleo sacará a relucir talentos empresariales que quizás poseas. Esa colgá en la escuela podría ser la alarma que te avise que esa no es tu vocación profesional. Él hambre, la sequía, la necesidad, alimentan la imaginación y la iniciativa del ser humano, no sólo para auto-preservarse, sino para servir a quien no puede valerse por sí mismo. 

Para aquél que permanece aquí, o se va a nuevos destinos; para quién echa pa'lante o quien ya no puede más; para quien es exitoso o quien está viviendo cheque a cheque; para quienes están celebrando una nueva vida o están de duelo... Para todos ellos, va un abrazo de quién es hijo, hermano, padre, amigo, asalariado, trabajando en algo para lo cuál no estudió pero sabe que existe una razón para todo. Les digo, estas palabras son tanto para ustedes como para mí, que me levanto todos los días a dar la batalla por mis sueños igual que ustedes. 

La crisis es oportunidad, es la oportunidad de subir a este cuadrilátero llamado vida y pelear por mi lugar en este mundo, por mi bendición, por sobrevivir y mantenerme... y lucir fabuloso en el proceso. 

Hermana crisis, es tiempo de caminar. 


sábado, 14 de marzo de 2015

37



Treinta y siete años. La vida pasa muy rápido. Escribiendo estas palabras, reflexiono en lo vivido hasta hoy y, siendo muy objetivo, yo he vivido de todo. Y en mayor o menor medida, he tenido y he hecho de todo. Ha sido una vida en la que ha habido sus fracasos y sus decepciones, como todas. Pero han sido tantas y tantas las bendiciones y las alegrías que mi ánimo hoy es de celebrar la vida que Dios me ha dado y la que me ha tocado vivir. 

Celebrar los logros y las metas alcanzadas. Celebrar a la gente que he conocido y que estando o no aún conmigo me han hecho la persona que soy. Celebrar que aún estoy en pie de lucha. Celebrar lo que viene. Porque si algo he aprendido en esta vida es que lo mejor está por venir (sin alusiones políticas, plis, jajajajaja). 

Y aprender es lo principal que hacemos en esta vida. Aprendemos de nuestros errores. Y de las cosas que hacemos bien también, porque lo bueno no se cambia... Y de gente mucho más sabia que yo, he adquirido varios consejos que me han ayudado y me siguen ayudando día a día a intentar vivir la felicidad para la cual Dios me creó. Y son 37, ¡qué casualidad! Quizás les ayuden a ustedes también:


1- Sueña.

2- Ten metas.

3- Eres lo que haces, no lo que dices.

4- Mantén tu palabra.

5- Si te ofreciste a ayudar, no te quites hasta que el trabajo se haya hecho.

6- Sé amable. Todos tenemos nuestras propias luchas.





7- Aprende a escuchar, no solo a esperar tu turno de hablar.

8- De vez en cuando, trágate las cosas.

9- No obstante, la gente te respeta tanto como tú te hagas respetar. No te dejes manipular. Si alguien no te acepta, apártate.

10- Aprende a decir no.

11- Si no entiendes, pregunta antes que sea demasiado tarde.

12- No pierdas la tabla. Especialmente en el trabajo.

13- Si tienes que pelear, da primero y da duro.






14- Todo lo que ocurre es para bien.

15- De todos puedes aprender algo. De todos.

16- Enfrenta a los abusadores. Con que lo hagas una vez, bastará.

17- Pero cuidado con tú abusar: el que puedas no quiere decir que debas. 

18- Nunca alardees. Siempre habrá alguien mejor que tú en todo.

19- Si hiciste valer tu punto, no digas nada más.





20- Da crédito.

21- Admite que te equivocaste.

22- Nunca es tarde para una disculpa.

23- Perdona tus errores. Tienes derecho a fallar.

24- Sé paciente.

25- No aparentes. Se nota.

26- No te quejes, hay gente en peores situaciones que tú. Solo ve a un hospital, una cárcel, un hospitalillo...





27- Cuando no estés bien, actúa como si lo estuvieses. Las cosas positivas ocurren a la gente positiva.

28- Simplifica la vida. Hay gente experta en complicársela.

29- Ríe un poco más cada día.

30- Aprende al menos un buen chiste. (Ahí me salvé, me sé muchos, jajajajaja)

31- Sonríele a los extraños.

32- Estar viejo no lo determina a qué hora te acuestas.

33- No siempre serás el más fuerte o el más rápido. Pero si puedes ser el más duro.


34- Sé creativo y hasta comete locuras de vez en cuando.

35- Gestiona los cambios.

36- No dejes de escribir. Ya sea poesía, música, cuentos, o un blog como éste. Siempre alguien leerá, se identificará, lo hará parte de su vida. Así seas tú mismo.

37- Nunca es tarde para encontrar el sentido de la vida. Que lo conseguido no hipoteque tu porvenir. Esto no se ha acabado. Falta mucho camino por recorrer, mucha vida por vivir...

Gracias, Señor, por la vida que me tocó. Gracias por lo bueno y lo no tan bueno. Por el hombre en el que me he convertido. Gracias por la bendición... y por la crisis. ¡Por, al menos, 37 años más! 

¡Salud!




lunes, 2 de febrero de 2015

Pasando la página

En mi humilde opinión, uno de los mayores inventos del ser humano es el papel. Y su importancia recae en su función de recoger en sus fibras las letras que cuentan la historia. La de todos los pueblos que han pasado por este planeta, y la historia propia de cada uno de nosotros. Como vehículo de comunicación, de educación, de cultura, no conoce igual. Como instrumento para plasmar nuestras ideas, sueños, pensamientos, es infinitamente superior a cualquier red social. Porque permanece. Porque se convierte en un legado para los que vienen después. Porque como tesoro es invaluable. 

Y es un invento tan inteligente, porque cada hoja de papel posee 2 lados igual de útiles. En blanco, para dejarlo todo en ellos. Para que lo que comenzamos en un lado, lo sigamos en el otro. No hay pausa: terminamos con una página, y ya nos espera la próxima. Recordemos los exámenes en la escuela... Donde pasábamos cada página de ellos buscando esos ejercicios y preguntas más faciles para tener por dónde empezar. 

Nuestra vida es una historia escrita día a día, con la tinta de nuestras experiencias. No todos los días traen la misma cantidad de páginas. Hay días sencillos, donde prendemos el "cruise control" y fluimos como peces en el río. En esos días, no hay mucho que escribir y pasamos la página sin problemas. Pero están esos días que... uff, nos pasa de todo, nos golpean, nos marcan. Son esos días que nos hacen dudar si nuestra historia es digna de ser vivida y de ser contada. Los problemas, las pruebas, las decepciones, las traiciones, los fracasos... Llenamos nuestras páginas de momentos y vivencias difíciles y duras. Y el espacio se acaba. Y seguimos leyendo lo malo que nos pasó, lo doloroso que nos hizo caer, eso tan triste que no se nos va de la mente ni del corazón. Cuando nos despidieron del trabajo, cuando dijimos adiós para siempre, cuando entregamos nuestras valiosas posesiones por no tener con qué pagarlas, cuando vemos nuestras relaciones desquebrajarse, nuestras metas sin cumplirse... Sé que a ti también te ha pasado, que te identificas con esto que estás leyendo. Porque todo esto es parte de la vida. El perder, el equivocarse, el renunciar, el posponer, eso es parte de ser humanos. Y está bien, está bien el sentirse mal, es hasta necesario y saludable. Todos esos tropiezos nos enseñan a pisar más firmes. Nos ayudan a conocer el camino. Nos preparan para lo que viene. Un recorrido que, probablemente, no esté cubierto de rosas. Y que todavía no ha terminado.

A esta hoja de papel no le cabe una letra más. ¿Qué queda por hacer? Es sencillo, aunque muchas veces sea más fácil decirlo que hacerlo: hay que pasar la página. No borrarla, solo pasarla. Lo vivido se queda, lo aprendido se lleva, lo sufrido se supera. Cada día nos ofrece una hoja nueva de papel para escribir nuevos y mejores capítulos en el libro de nuestra vida. No todos esos capítulos serán felices. Serán una mezcla de momentos donde todo es bello y momentos donde "no nos huelen ni las azucenas." Donde se nos presentarán puertas para abrir, decisiones que tomar, caminos que tomar, gente para que nos acompañen. Y todo eso quedará escrito en nuestra historia y es lo que le daremos a leer a los demás. ¿Y a quién no le gusta leer un buen libro?

A ti que me lees: quizás ya sea momento de pasar la página. No quedarnos estancados en lo que ya no cambiaremos. Si se puede cambiar, perfecto. Si no, está bien. Todo estará bien. Hay todavía mucho por vivir. Porque, en este cuadrilátero que llamamos vida, no podemos permitirnos el quedarnos tendidos en la lona. Las luchas se pelean y se ganan de pie. ¡No dejemos nunca de escribir!



jueves, 13 de noviembre de 2014

Todos tenemos nuestra propia guerra

Mañana se celebra el llamado "Día del Veterano", donde le rendimos honor a los que han peleado en las diferentes guerras, sirviéndole a su pueblo. Un homenaje muy merecido a aquellos hombres y mujeres que han sacrificado y hasta perdido sus vidas luchando por nuestra libertad (estemos de acuerdo con la guerra o no). Y también es un día para recordar la guerra que estos héroes pelean acá luego de terminar su misión: múltiples heridas y complicaciones físicas en cuerpos que estaban completamente sanos, problemas burocráticos para recibir los tratamientos físicos y psicológicos que necesitan, la realidad de que sus vidas no serán las mismas de ahora en adelante... No es fácil para ellos no allá ni acá. Pero, ¿y qué tiene que ver eso con nosotros? Quizás literalmente nada. Sin embargo, analizando nuestro diario vivir, cada uno de nosotros tiene su propia guerra, que pelea como puede y con las armas que tiene a la mano. Muchas de esas guerras tienen un fin noble. Otras, las perdemos desde el saque. Pero son nuestras guerras. Y nadie las puede pelear por nosotros.

Como la madre o el padre que cría sola o solo a sus hijos. Porque aunque los hijos son una bendición, criarlos sin el otro padre jamás será fácil. Ese vacío no es fácil de llenar. A veces es imposible. Y si a nosotros se nos hace difícil entenderlo, lo es mucho más el explicárselo a nuestros hijos si la razón de la ausencia es voluntaria y no aparece ni en las páginas amarillas. Pasan los días, los meses, hasta los años y ni rastro de mi papá (o mamá, aunque no lo creamos). No está ahí para despertarlos, para ayudarlos a prepararse, para darles el desayuno, para llevarlos y buscarlos a la escuela, para ayudarlos con las tareas, para llevarla a las prácticas del equipo, para contarles su cuento a la hora de dormir... El ejército eres tú misma o tú mismo, y la guerra es con las cargas diarias.

Y alguien que sabe de cargas es el que lucha con sus vicios. Esos mismos que se han apoderado de su cuerpo y su mente, y no le permiten pensar ni desear nada más. Todo pierde importancia: la familia, la pareja, el trabajo, los sueños, las metas... Te declaras la guerra a ti mismo, sin piedad. Y aplastas tu voluntad, y quedas a merced de la droga, del alcohol, de ese vicio que no te deja ser libre.

Aquel o aquella que tiene dos o tres trabajos para poder vivir, parece que vive encerrado. Salir de uno para entrar al otro. Y luego al tercero... Dile adiós a dormir, a divertirte, a estudiar, a tu familia, a tu vida social... ¿Y nos disfrutamos ese dinero? No, es para pagar, para intentar estar al día con la luz, el agua, el carro, la casa... Tú menciónalo y lo debes. No siquiera para ahorrarlo, da. Y si rompes noche, mucho menos vale la pena. Le declaras la guerra a la pobreza. Una guerra que peleamos muchos, a toda hora...

Como quien trabaja mientras tu y yo dormimos para nuestra seguridad o salud. Si, a los que nos gusta pelearle e insultar. A esos policías, bomberos, médicos que dejan sus familias para cuidarnos y protegernos a todos. Que aunque le deban dinero, se ponen el uniforme para cumplir con su deber. Mientras nosotros dormimos o jangueamos tranquilos. Si, siempre hay manzanas podridas entre ellos. ¿En dónde no? Pero para aquel que no ha roto noche nunca, no es fácil. Hay que hacerle la guerra a la vida fácil para poder seguir adelante.

Adelante, bien preparados, como quien estudia y adquiere conocimiento. Y decide que la ignorancia no lo va a marginar ni a doblegar frente al montón de listos y tramposos que, lamentablemente, viven entre nosotros. Porque el conocimiento siempre será poder. Y es algo que nadie te podrá quitar. Y abre puertas que no imaginamos. Es pelear por las oportunidades.

Y no hay mayor oportunidad que la vida misma. Y eso lo sabe mejor que nadie quien vive con una limitación física o mental. Ahí tu propio cuerpo te declara la guerra diariamente. Y tu mejor arma son las ganas y la voluntad de seguir adelante. Desde el simple acto de levantarte, vestirte, comer, escribir, leer, moverte puede ser una dificultad que puede doblegar a cualquier persona. Pero estas personas nos enseñan que, quizás, ese problema que vemos tan grande no lo es tanto.

Un problema que si es grande, y toca las vidas de muchos, es la violencia. Quien sufre de violencia libra una guerra prácticamente desarmado. La violencia conyugal. Contra los hijos. El bullying en las escuelas. El hostigamiento laboral. La gente matándose en las calles. Nuestra sociedad parece un escenario de guerra. Donde corres más peligro que en Irak...

Pero los buenos son más, los que dan la milla extra. Esos padres, esos maestros, esos empleados, esos misioneros, esos seres humanos que le declaran la guerra a la mediocridad, a la conformidad, y que trabajan por un mejor mundo. En sus casas, en sus empleos, sus salones de clase, sus iglesias, y adonde quiera que van. Y le enseñan al mundo el mejor de los rostros: el del amor al prójimo.

A quienes han luchado y hasta derramado su sangre para el bien de una nación, no hay palabras suficientes para darles las gracias, estamos eternamente agradecidos. Y a los que todavía luchan, en el frente de batalla y en su realidad diaria, mi respeto y apoyo. Hay que seguir... 

martes, 3 de diciembre de 2013

Un pequeño recordatorio...

Sólo un pequeño recordatorio...

Casi nunca, nada de lo que queremos que pase... pasa. Porque no hacemos que pase. Y no siempre "hacer que pase" significa una acción concreta, sino un dejar que El que puede hacer, haga. Porque, si algo distingue a la persona madura es que sabe sus límites.

El día tiene 24 horas, y a veces estamos ocupados, preocupados, cargados 25 de ellas. La crisis económica y social que ataca las familias, los eternos problemas laborales, la criminalidad producto de la desigualdad social... Todo eso tiene un efecto erosivo en el ser humano. Se refleja en su salud física, mental y emocional. Literalmente, le "chupa el vivir". Buscamos ayuda y vemos que todos estamos iguales de fastidia'os. ¿A dónde acudimos entonces? Mejor dicho,  ¿a quién? 

Y, en mi opinión, parece mentira que a estas alturas del juego nos hagamos esta pregunta. Pensemos: ¿el hacer siempre lo que nos da la gana nos ha servido de algo? ¿Las salidas fáciles del busconeo y el crimen duran para siempre? ¿Desde cuándo alguno de nuestros planes no nos falla?... 

Saben por dónde va la cosa, ¿verdad?

Claro que sabemos. Lo sabemos porque nos enfrentamos a esa realidad y no la queremos aceptar. Nos hemos querido hacer los fuertes mientras vivimos la vida de tropiezo en tropiezo, dando tumbos sin dirección sólo por orgullo. Por no saberse humillar. Y decir: ¡Te necesito, Señor!

Pasan los días, recibimos golpe tras golpe, hacemos planes sin pies ni cabeza que pensamos nos darán las cosas que necesitamos... Les tengo una noticia: nadie sabe mejor lo que necesitamos que ese Padre que nos creó. Nadie sobre la faz de la Tierra, ni con todo el dinero del mundo, puede echar a andar el plan de vida que debemos vivir si no es por el Señor que proveyó a Abraham y hoy día nos puede proveer a nosotros. Proveernos de salud, de prosperidad, de amor, de felicidad. 

Por supuesto, eso no quiere decir que no tengamos y hagamos nuestros planes y nos planteemos nuestros objetivos. Eso es normal y esperado en un ser humano. Pero, ¿qué nos cuesta que Dios afine, pula, acomode y hasta cambie nuestros planes? ¿Por qué todo tiene que ser como nos da la gana a nosotros?

A este mundo tan violento, les hace falta más gente que vivan con mansedumbre. Que vivan más el conocido refrán "el hombre propone... y Dios dispone". Que hagan, trabajen, se esfuercen, luchen, no se rindan. Pero puestos en manos del Señor, reconociendo que el tiempo de Dios ni se adelanta ni se atrasa. El tiempo de Dios es perfecto. Y Su voluntad siempre, SIEMPRE, es mejor que cualquiera de nuestros planes.

lunes, 14 de octubre de 2013

Lo que importa es el día libre

Si te creías que hoy era libre... te has podido dar tremenda jo...

Hoy no es libre, por enésima vez. El 12 cayó sábado, aceptémoslo. Ya el año que viene no hay break. Además, ¿qué rayos estamos celebrando tanto? 

¿El "descubrimiento" de América? Y toda esa gente que vivía de este lado, ¿cómo llegó? ¿En una gira del Turistólogo? Por favor, no seamos ilusos. El 12 de octubre de 1492 fue el escalamiento más grande de la historia. Vinieron los colonizadores de presenta'os a quitarle la paz a los indígenas, que hasta esnús iban por ahí sin hacerle daño a nadie. 

Los colonizaron, los esclavizaron y casi los exterminaron. ¿Se me quedó algo? Ah, si, los saquearon. Se llevaron todo el oro, bien lambíos. Wow, ¡qué ganas de celebrar tengo! 

Lo que importa es el día libre. Extender el fin de semana. El mismo donde hubo 17 asesinatos. El mismo donde seguimos hablando de un rapero que se quedó en el mismo viaje en ketchup de finales de los 90 y recibimos como un héroe. El mismo donde nos importa más la fiesta de Barbie de Bodine que los verdaderos problemas de nuestro país. La Isla Estrellá. Porque si que hemos hecho un gran trabajo votando por gente inepta que han fastidiado el país, por años y años. Pero los pueblos merecen los líderes que tienen.

Aquí lo que debemos celebrar es que no venga un rayo y nos parta en dos, porque si que hemos hecho unos méritos... Vivimos con el cerebro, con el alma, con los valores, en eterno día libre. Acusamos de hipócrita al otro y nosotros somos los primeros que sacamos a pasear al moralista solo de vez en cuando. Cuando nos acordamos, cuando no conflija con Caso Cerrado. La ética, la moral, los valores, no conocen horario de servicio, son 24/7...

Pero lo que importa es el día libre. Y no son malos. ¿A quién le molesta un lunes libre? Porque estoy seguro que todos los que se quejan de que al Gobierno le dan muchos días libres, están locos por entrar al "honorable" "Estado" "Libre" "Asociado" para jartarse de días libres. Es fácil de la boca pa' fuera. Lo que si es duro es, al momento de meter mano, tirar pa' lante. Donde sea que trabajemos. Dejemos ya las malditas excusas. ¿Tienes que trabajar sábado y domingo? Such is life! Hay gente que no tiene trabajo. Y viven días libres forzados.  Los que sí tenemos: hay que trabajar, y duro.

De verdad que hace falta el día libre. Pero, ¿saben qué? No hay tal día libre. Porque todos los días tienen su lucha. Todos los días, el simple hecho de abrir los ojos es una invitación a tomar una de dos decisiones: o vives o mueres. Vives con todas tus fuerzas o mueres lentamente. Tómate el día... y piénsalo.




(imagen: http://es.wikipedia.org)

lunes, 7 de octubre de 2013

La vida que me da la gana

Siempre existen cosas que, al hacerlas, nos dan placer, alegría, satisfacción. ¿No les sucede? En mi caso, por ejemplo poniendo uno, es ver lucha libre. Sentarme frente al televisor, o en una cancha, a ver una buena cartelera me entretiene mucho, me libera de muchas tensiones... ¿Y eso por qué? Muy fácil. Me remonta a mi niñez.

En este mundo tan acelerado y loco, ¿no hace falta volver a ser, por instantes, niño de nuevo? La mayoría de nosotros, en mayor o menor forma, disfrutamos de nuestra infancia. Y una de las cosas que me transporta a esos años es ver las luchas. Esos personajes eran héroes para mi, me hacían soñar, me regalaban un buen rato de emociones. Imitarlos, jugar a la lucha libre, comprarme máscaras y ponérmelas... 

En esos años no habían problemas, ni deudas, ni grandes obligaciones. Solo estudiar y portarse bien. La mejor época de la vida y ya no volverá. Ahora, todo es trabajar, pagar, estirar el dinero, sobrevivir. Nos hemos olvidado de disfrutar la vida. Y todo es nuestra culpa. Si, y más cuando este mundo cada vez se privatiza y deshumaniza más. Nos hemos mentalizado en que ya a esta edad no es necesario divertirse. Y divertirse no quiere decir emborracharse como un puerco. Ya no es necesario disfrutar la vida. Estamos muy ocupados metidos en tapones, filas, oficinas, tiendas, centros comerciales. 

Hemos dejado atrás el pasear, el jugar en la calle, el tirarse en el sofá a ver películas... No son las cremas para la piel ni las cirugías las que nos hacen ver más jóvenes, son esos instantes en los que nos olvidamos de ser adultos, y volvemos a vivir la vida como la queremos vivir y como la disfrutamos. 

Claro que hay que trabajar. Claro que hay que estudiar. Claro que tenemos que cumplir con todas nuestras responsabilidades. Pero todos esos sacrificios deben ser dirigidos a poder vivir una vida bajo nuestros términos. Que el existir no sea lo que nos tocó, sino la oportunidad de que sea lo que nos dé la gana. 

Cada vez que puedo, me siento tranquilito a ver mis luchas. Y lo seguiré haciendo, porque me gusta. Eso que nos gusta, si no nos hacemos daño ni a nosotros ni a otros, ¡vamos a hacerlo! Así, porque nos da la gana. Porque nos da ganas de vivir. Porque es lo justo después de tantos sacrificios, tanto trabajo, tanto tiempo perdido... 

lunes, 24 de junio de 2013

Du It Llorcelf

Hay algo que aprendí de alguien mucho más sabio que yo (y no me acuerdo quién fue, mala mía). Es una conclusión de vida, a la que solo se llega por experiencia propia: si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo. Porque hay cosas que, sencillamente, no se pueden delegar...

Y en una economía que se contrae y no ofrece oportunidades de ingreso, esta conclusión se hace realidad. En una época en que tenemos el Facebook y el Twitter lleno de gente pero los verdaderos amigos los puedes contar con las manos y te sobran brazos enteros, es la conclusión lógica. Con una clase política que se enajena del pueblo en el preciso instante en que toman posesión de sus cargos, ¿de qué otra manera podemos pensar? Cuando algunos de nuestros líderes religiosos piensan en sus feligreses como una cartera de inversiones, ¿nos culparías por pensar en "doing it ourselves"? El trabajo tampoco escapa de esta realidad: cuando tus jefes y dos o tres soplapotes se despiertan todos los días con la encomienda de pisotearte para ellos escalar posiciones, ¿qué queda? 

Me fui lejos, pero sé que me entienden. Por ejemplo, si me toca ir al médico, el médico no me va a llamar a casa a darme la fecha de la cita. Me toca a mí llamar a su oficina. Si no, no hay break, cuando me explote una condición, es mi culpa. Por otro lado, si no me gusta mi trabajo, soy yo el que tengo que buscar uno nuevo, no va a llegar a casa. O si quiero un ascenso o aumento (no necesariamente en ese orden), tengo que pedirlo yo, tramitarlo yo, buscar los documentos yo, buscar las palas yo (o sea, somos adultos, no pongan esa cara).... Si quieres una bendición para tu vida, tú da el testimonio, tú haz las buenas obras, tú ora, tú entrégate al prójimo. que esa sea tu ofrenda. porque yo no voy a la iglesia a enriquecer al pastor, o al sacerdote. Nada de lo mío puede depender de nadie, porque el día en que esa persona me falle, me voy directo a la fregada. 

Este pasado viernes fue un día en que todas las personas que se cruzaron en mi camino se confabularon para quedarme mal. ¿Por eso me voy a frustrar? Uno se enoja, somos humanos. Pero pues, tuve que hacer todo eso que le confié a otros, yo mismo. Me voy a tardar más, pero me aseguro que salga, que se dé. 

Hoy es lunes. O por lo menos planeo publicar esto lunes. Tenemos una semana frente a nosotros que promete explotarnos los timbales. Una semana tensa. Difícil. Decisiva. Para todos. Pero, a la misma vez, esta semana se presenta como una llena de oportunidades al alcance de nuestras manos. Están ahí, a simple vista. Y sé muy bien que hay gente leyendo esto que son personas de empuje, asertivas, emprendedoras, de actitud positiva, de mente y corazón abiertos a las cosas nuevas. Este es un llamado para que - frente al temido, odiado, repudiado lunes - abramos los ojos, busquemos esa oportunidad y la hagamos nuestra. Pero eso es indelegable. Me toca a mí. Mi vida y hacia dónde la dirijo está en mis manos. Lo que necesito llegará en la medida en que yo mismo lo consiga. Como me enseñaron mis profesores de trabajo social: yo no le digo a la gente cómo vivir su vida. Yo le doy herramientas, ellos deciden si las usan o no.

Todo esto no significa que prescinda de la gente y viva como un ermitaño, aislado, sin confiar en nadie y sin pedir ayuda. Lo que significa es que, en este cuadrilátero llamado vida, mis peleas las doy yo. Las gano y las pierdo yo. 

lunes, 22 de abril de 2013

El joven tirado en la esquina

En septiembre pasado, un grupo de mis compañeros de trabajo y yo fuimos a los muelles de San Juan a una actividad de música electrónica a trabajar (¿a qué más?). Hubo mucha publicidad para el mismo por lo que estuvo muy concurrido. Jóvenes de todas las edades se dieron cita para disfrutar de la música en las diferentes tarimas.

Ya cuando íbamos saliendo (después de perder el tiempo por completo por tener gente al frente del grupo que no tienen un demonio de idea de cómo trabajar), veo en una esquina a un joven acostado en el piso, pasando la borrachera (o lo que fuese). ¿Cuántos años podría tener ese nene? ¿18, al menos? Lo dudo mucho. Pero me dio una gran tristeza ver a un joven tirado en una esquina, dejando escapar su vida. ¿Y el corillo que seguramente lo acompañaba al party? Bien, gracias. Estarían bebiéndose hasta el Orinoco en otro lado. Lo dejaron solo, prácticamente inconsciente, a merced de sabe Dios qué peligros. Lo bonito es que me imagino que al otro día ni se iba a acordar. Claro, si despertó de ese "hangover".

Las Justas de la Liga Atlética Interuniversitaria fueron este fin de semana y, como de costumbre, atrajo una gran cantidad de jóvenes a la ciudad de Ponce. Gracias a Dios que no fui, pero no dejo de imaginarme que habían más cantinas que baños. Las tarimas "artísticas", todas auspiciadas por cervecerías que bombardean de publicidad engañosa a nuestros hijos. Y, si fuiste listo (y digo "listo" en el sentido de ahorrar, no en el común), traiste el ron desde tu casa para gastar menos. Y dos o tres "munchies", para dizque bajar la nota. Si, mijo, si. Yo me mamo el dedo.

Imaginemos el panorama: corillitos de chamaquitos en todos lados, y varios cuerpos tirados en las aceras, borrachos como perras. O parejitas como los de la supuesta foto de la hija de la telerreportera Luz Nereida Vélez, donde sale teniendo relaciones sexuales en una esquina, en el piso. ¿La foto? Búscala, hijo. Aliméntate el morbo en otro lado. Ok, dos problemas con la foto: primero, lo triste de la foto, además de la acción, es que se concentran en ella. ¿Y el muchachito? ¿No es igual de irresponsable? Ah, es que al hombre se le perdona y a la mujer se le penaliza, se me olvidaba. Segundo, hacemos de la situación un chiste. Alguien que me explique qué diablos tiene de gracioso que destruyamos la reputación de dos personas... qué dos personas, de una muchacha que quizás ni es la de la foto ni se puede defender. Porque la foto está viral, ya eso no se puede borrar.

Aquí nadie ha dicho que no hagan más Justas, ni más conciertos. Aquí nadie ha dicho que no beban ni salgan con sus panas. Ni siquiera nadie ha dicho que no tengan vida sexual. Pero cuando esas cosas tan triviales me afectan a tal punto de ponerme en peligro y me hacen tomar decisiones estúpidas y me hacen daño, ahí hay problemas y hay que alzar la voz de alerta. Yo fui joven, yo también cometí (y cometo) errores. Y pasé sustos, claro que si. Por eso, me preocupa sobremanera los riesgos que los jóvenes están tomando en estos tiempos, en términos de dónde van, qué consumen, qué conductas llevan a cabo... Cada vez son más peligrosas. Yo no sé ustedes, pero si fueran mis hijos, no estaría nada tranquilo. Mis hijas son pequeñas, pero no lo serán siempre. Y si les puedo transmitir lo que he aprendido por experiencia, se ahorrarán muchos malos ratos. Porque si es por las cervecerías, por los grandes intereses, el ron se conseguiría hasta en paletas dulces y se vendería en las escuelas.

No sé dónde está aquel joven que vi tirado en esa esquina, en medio de tanto ruido y algarabía. Lo más probable, se le pasó la nota y esperaba la próxima. Y, de lo que se acordara, lo contaría como si fuera la cosa más grande. La jodedera gusta y uno la disfruta. Muchas veces creemos olvidar los problemas. Y les hablo con mucha seriedad y responsabilidad. A todo el que patrocina este espacio con su valiosa atención: tu vida es demasiado valiosa como para dejarla en una lata de cerveza, en un pote de pastillas, en una esquina con el primero o la primera que se aparezca. Vive y vive a plenitud, vive en tus términos, vive de la forma en que te puedas mirar al espejo y no sientas ningún remordimiento. Sin embargo, valora tu vida porque es la única que tienes. Y vívela sin hacer daño, ni a ti ni a tu prójimo. El libro de tu historia y de la mía tiene muchas páginas vacías. Vamos a llenarlas con la tinta de una vida sana y feliz. Es nuestra deuda con nosotros mismos.

(Imagen cortesia de www.elmundo.es)

miércoles, 10 de abril de 2013

¡Dedúceme ESTA!

Ese tiempo ha llegado. La "dolorosa" nos visita de nuevo, y a esa no se le puede decir que no. Por eso me puse a pensar: ya que el Gobierno nos cobra hasta el último centavo de cualquier deuda que "tengamos" (real o imaginaria), ¿por qué no deducimos más cosas en la dichosa planilla de contribución sobre ingresos? Ya que los intereses de los carros ya no se pueden incluir, vamos a sustituirlo con otras cosas que realmente hemos hecho parte de nuestra vida y que no aportan un comino.

Por supuesto, les tenemos una exquisita selección de todas esas deducciones que le hacen falta a nuestras planillas. Y aprovechen, en una semana hay que entregar esa planilla. (Pero no es que incluyan algo de esto, o sea...):

1- Los "likes" de Facebook que salvan vidas, erradican el hambre, curan enfermedades, se convierten en donativos...

O sea, ¿van en el anejo de servicios profesionales? ¿O en el de donativos? No sé, pero para el tiempo en el que me criaba, las buenas obras se hacían en persona...

2- Las fotos de modelaje en Instagram

Para tirarse esas fotos, ¿hubo gastos de diseñadores, modistas, vestuario? Porque si no hubo nada de eso, ni va en la planilla ni en mis redes sociales. Bájenle dos al guille de Tyra Banks, ¿ok?

3- El reciclaje para la montaña de recibos de IVU Loto

Miren, díganlo de una vez si la IVU Loto es una cogía de pinsuaca o no, o entonces déjennos deducir ese reciclaje de papel inservible en la planilla. El bosque de la Amazona nos lo agradecerá.

4- La sillas de playa para esperar en las filas del Black Friday/repartición de regalos del Día de Reyes/cualquier nuevo Krispy Kreme...

Perdemos nuestra dignidad, nuestro respeto al prójimo, nuestro tiempo... Pero ese breakecito en la planilla no, ¡plis! (Repito, esto es hipotético. No sé por qué creo que lo voy a tener que escribir de nuevo...).

5- La cerveza tax-free de la base que viene los cacheteros amigos de uno a beberse en las actividades de la familia...

A esa gente, ¿se les considera como dependientes? Pienso que así debería ser porque como los borrachos lo único que saben decir es : "Te quiero, cab...". Gracias a Dios que me quieres...

6- Todas las veces que escuchemos y leamos noticias de Maripily o el artista desajustado social de moda...

Lo podríamos anejar en la planilla como gastos universitarios. Como si hiciéramos un minor en periodismo. Porque a esta porquería es lo que se dedica la prensa en estos días. Y todo por vender periódicos y por ratings...

7- Cada vez que Univisión pase una película de Vicente Castro. Y si Jorge Luis Ramos protagoniza, el crédito es doble...

Cada vez que hay una masacre en Puerto Rico, es inminente la adaptación para TV de Castro. ¡Compénsenos, puñ...! Free "Nosotros". Pagamos justos por pecadores...

8- Los arreglos de las bodas, que nos llevamos sin preguntar si van a hacer algo con ellos...

Eso debe aplicar como gastos de mejoras al hogar. Claro, si quieres tener el Corredor Ecológico del Norte en la sala de tu casa, sigue así. O abrir una franquicia de Casa Febus o Decora. También en gastos médicos si es el último arreglo y dos doñas se jartan a pezcosás por él...

9- Los videos caseros de Harlem Shake

Los podemos usar como prueba de que toda esa gente vive en la casa y no las ponemos como dependientes con el único propósito de que nos sobre más dinero... Nadie hace eso en Puerto Rico. Nadie. Bueno, casi nadie...

10- Cada vez que Pitbull diga "Dale" en una canción

(Jeringonza que nadie entiende)... ¡Dale!... (Más jeringonza)... ¡Dale!... $$$$$$$$$ en nuestros bolsillos si dedujéramos eso en la planilla.

Wow, ¿se imaginan si cada cosa innecesaria e inservible en nuestras vidas pudiesen generarnos algo de dinero? Lo malo es que eso no pasa casi nunca. Hacemos parte de nuestra vida cosas tan banales que le quitan espacio a las que realmente valen la pena. La vida pasa y se va y de ella, no hay crédito...







miércoles, 31 de octubre de 2012

Caravana "for Dummies"

Estamos en tiempo de elecciones, por lo que algunos le damos unas pequeñas vacaciones al sentido común. Y en éstas, las elecciones acuáticas (tsunamis, olas, etc.) y en el espíritu de ser lo menos serios posible y satirizar lo auto-satirizable, nos hemos dado a la tarea de hacer una lista. La lista de lo esencial para sobrevivir y sobresalir (en el ridículo, enorgulleciéndonos mucho y dándonos tela para cortar) en una caravana política.

Porque nada le da a uno más ganas de que Sandy dé un viraje y nos visite que ver a miles de boricuas "bestiales" en un "chijí chijá" traido arrastrando por los pelos, tratando de justificar lo injustificable. Sin más, aquí lo esencial para una caravana política en Macondo... digo, Puerto Rico:

1- La ropa

Cualquiera que sea el color de tu partido, debes tener a la mano camisas con todas las tonalidades existentes de ese color. Por supuesto, deben también tener hechos los flequitos esos "homemade" que tienen el nudito al final. Bien lindos que se ven... si estás imitando a Guille. Y si tenemos unas libritas de más, esos hot pants o skinny jeans son el mejor aliado de nuestros "chichos poderosos". No, y el detalle magistral del dubi-dubi...

2- La neverita

Porque Medallistas somos todos... Claro, par de cajitas de Gasolina son bienvenidas, cónsul.

3- Las cornetas y las vuvuzelas

Y las estás tocando desde que saliste de la dichosa casa. Si con la ropa que traes puesta (véase #1) no llamas la atención, te puedes matar soplando la corneta y nada. Así que sóplese para las ventas.

4- Banderas

Una de cada partido, por si acaso pasas por "territorio apache". Y una de Rosselló, por si acaso se tira "write-in".

5- Transportación

Si puede ser en "four-track", mejor. La cosa es que si pasa un accidente, llevarnos enredados la mayor cantidad de colleras posible. Si eso no es posible, pues usamos las guaguas con el musicón encendi'o, y 50 personas montadas. Y por supuesto, vamos a hacer la caravana en la hora pico del tapón para que mucha gente (déjame ver qué palabra utilizo para no sonar grosero... ah, ok) se joda tratando de llegar a ese sitio al que tenían que llegar temprano...

Bueno, creo que esa es la lista. No verán en la lista opúsculos ("brochures" en Castilla la Vieja) con información acerca de la plataforma de gobierno del partido o del candidato en sí. Eso sería una pérdida de tiempo y dinero que podría estar destinado al Fondo General... del candidato. Además, si en cuatro años no nos preocupamos de conocer a los candidatos ni legisladores, no lo vamos a hacer una semana antes. Porque a los partidos tampoco les conviene que el electorado esté informado. Se imaginan, no se les vaya a ocurrir no votar por ellos...

Lo malo es que se nos está yendo la vida. Por el bienestar de unos pocos, pagamos los muchos. Y eso, no es chiste.

miércoles, 24 de octubre de 2012

El canto de las balas

No sé cuántos fueron. Muchos. Demasiados. Y se escucharon como si hubiesen ocurrido en el patio de mi casa. Alguien disparó... y yo fui el único que lo oí. Nadie más.

Como si el mensaje oculto de tal suceso fuese exclusivamente para mí. Como un alerta... Un recordatorio de que las balas no deben ser algo cotidiano. Algo normal, esperado. Algo a lo que tengo que acostumbrarme.

¿Quién invitó a la horrible cara, la tenebrosa voz, de la violencia, de la muerte a destiempo, a las noches de mi tierra, regida por el colorido cantar del coquí? ¿Con qué derecho nos creemos propietarios de la paz y la tranquilidad del prójimo? ¿De su vida?

La paz se ha convertido en un privilegio que muy pocos disfrutan. Un privilegio que cada vez nos sale más caro: desde las alarmas, las rejas, las armas, hasta el renunciar a nuestra vida social. Lo escuchamos todos los días, de boca nuestra o de nuestra gente. No se limita a las "altas horas de la noche"... Ni en nuestro "hogar, dulce hogar" estamos a salvo. Ni en la calle, el mall, el cine. Esos espacios se han convertido, lamentablemente, en campos de guerra. En el patio donde el demonio juega a policías y ladrones.

Uno se siente impotente ante este cuadro, este "diagnóstico" informal que uno hace de la situación. Sabiendo muy bien que, por uno mismo, es imposible hacer algo físicamente para detener estos incidentes. No obstante, nuestro campo de acción, la tierra buena en la que debemos sembrar buena semilla, está en nuestras casas. Los más jóvenes deben convertirse en ese huerto que da frutos alimentado por los valores que les inculcamos. Son esos frutos los que sostendrán a esta sociedad falta de esperanza.

Dos personas murieron muy cerca de mí. No sé sus nombres, probablemente no los conocía. Pero temo que era gente joven. Como la que me encuentro a cada momento a mi alrededor. Gente joven que no debería tener nada que ver ni buscar con la violencia ni la muerte.

Esa alarma sigue sonando, al oído, y me despierta a la realidad de una lucha que tenemos que seguir dando los que nos quedamos. Las balas suenan muy cerca, y el coquí se escucha cada vez más lejano...

Que descansen en paz.

viernes, 3 de agosto de 2012

En pie de lucha

En este cuadrilátero llamado vida, no puedes pedir tiempo. No te dan tregua, ni la puedes dar. El reloj corre, y hay que aprovechar cada segundo desde ese primer campanazo. 

La introducción...

  
"Haciendo su recorrido hacia el ring, el retador..."

Asomamos nuestra cara hacia afuera de la casa y sabemos de antemano que nos encontraremos con un tumulto de gente metida en carros en un descomunal tapón. Muchos, con demasiadas presiones sobre sus hombros. Con tristeza. Con miedo. Otros, con esperanza. Quizás, sólo con eso. Todo eso está presente en nuestras mentes. Pero aún así, nos encaminamos a la lucha diaria... Orando que no se vacíe una goma.

Suena la campana... 

"Ding, ding"

Ponchamos en el trabajo, entramos al salón de clases, a la oficina del gobierno, al salón de terapias... Y la lucha comienza. 

Toma de arbitro...

La rutina, los problemas, el cansancio, vienen de frente hacia nosotros y medimos fuerzas con ellos, tratando de sacar ventaja y dominar. Hasta otras personas se convierten en nuestros rivales, hasta con una mala actitud.  Empiezan los candados, las llaves y contrallaves. Un trabajo a última hora, una asignación, un cliente difícil, un compañero o compañera de trabajo aún más difícil, son esa "picada de ojos" que nos quita el foco momentáneamente.

Monkey flip y un par de patadas voladoras...


Algunas veces hay gente que nos quiere hacer lucir mal y humillarnos. Estas dos movidas son ejemplo de eso. El abusador de la escuela, el o la recepcionista amargado, el lambón del jefe que no quiere que lo hagan lucir mal, el maestro o maestra que cree saberlo todo... Hay que sacudirse y seguir luchando. 

Pelea fuera del ring...


Y muchas veces, para resolver los problemas, tenemos que "matarnos en la raya" (Héctor el Father voice) (Cuando digo matarnos, no es literalmente). Las circunstancias no serán siempre las mejores. Hay que estar preparado para pelear, por mi educación, por mi desarrollo profesional, por mi felicidad. Por los medios que sean necesarios.

La llave final...



Quizás la apliques tú, o la recibas. Eso es inmaterial. Porque, al fin y al cabo, es sólo una batalla. Son las únicas 24 horas que tenemos en nuestras manos y, en ellas, aprendemos de cada triunfo y cada fracaso. El día no depende tanto de metas individuales, sino de construir una experiencia de vida plena y satisfactoria. Hoy aprendo y crezco porque vivo. Si mañana despierto de nuevo, habrá tiempo para reagruparse e ir por ese toque de espaldas, por los tres segundos. Ganando o perdiendo, soy una mejor persona hoy. ¡Pero no se equivoquen! Hoy es el tiempo de ganar. Éxito, y nos vemos en las luchas. 

"¡Uno, dos, tres! El vencedor es..." 




martes, 9 de agosto de 2011

A otro nivel...

Este blog lo enseño con orgullo, no porque sea sobresaliente, sino porque es una experiencia que desarrolla disciplina y retrospección. Se lo enseñaba a un compañera de trabajo y me preguntó: ¿Por qué le pusiste "The Mid-Card Crisis"? Le expliqué que tomé la expresión "the mid-life crisis" ("crisis de la mitad de vida") y jugué con las palabras, mezclándola con un término usado en la industria de la lucha libre profesional.

El "mid-card" es la parte de la cartelera donde están los luchadores ni mediocres ni estelares. En un tiempo suben a los eventos estelares, o bajan a las luchas de relleno... Del mid-card se sale de dos formas: con mucho trabajo o con mucha "pala", "padrinos", como quieran llamarlo.

¿No se les parece a nuestro diario vivir? Todos queremos sobresalir, ser los mejores en lo que hacemos. Muchos se fajan trabajando, estudiando su campo, ganando experiencia. Otros... bueno, se agarran del primer "break" que aparece... Y este blog está dedicado a eso: a acompañar a los que se esfuerzan por mostrar la mejor cara del ser humano al mundo, desde su propia realidad. A aquellos que luchan por lo que creen. Sin dar ni pedir tregua. A los que no se conforman... Y se los digo porque, por experiencia, sé que si quieres algo que realmente valga la pena tienes que conseguirlo tú mismo. Lo regalado no luce... ¡La vida te llama a estar a otro nivel!

Lo comparto como una opinión. No pretendo que todos estén de acuerdo. Pero si persigo el despertar un poco de esperanza en quien lo lea y que se convierta en la mecha que encienda un nuevo modo de pensar, de hacer. Es muy personal, y así como lo comparto, espero que ustedes, mis amigos, compartan sus opiniones. Así esta experiencia será duradera y satisfactoria.

Estar a mitad de cartelera no es malo en lo absoluto: luchas más y adquieres más experiencia y astucia. Porque, la vida entre las cuerdas de este cuadrilátero llamado vida no es fácil. Pero hay que estar listo cuando llamen tu nombre y suene la campana...