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sábado, 1 de noviembre de 2025

Mano, estoy tratando…


Mano, estoy tratando, de verdad que estoy tratando… 


Este último año ha sido un constante ejercicio de adaptación. Todo lo que pensaba que no iba a cambiar… cambió. Desde la hora de despertarme hasta la hora de cerrar por fin los ojos a (tratar de) descansar. Hace un año, perdí a la persona que hacia de esta casa mi hogar. Y con su pérdida, perdí mucho más. Porque esta casa cada vez está más vacía. 


Quedamos abuelo y yo. Nos quedamos solos ese primero de noviembre. Pasando los días lo más tranquilos posible. Pero estoy seguro que, como yo, se acuerda de tiempos más felices… y más acompañados. Pero al menos nos tenemos el uno al otro al final del día. Y lo cuidaré hasta que no pueda más. Al menos eso trato. Estoy tratando, de verdad. 


La casa no se ve igual, ni su fachada, ni sus muebles, ni sus paredes donde antes había muchas fotos. Fotos que están guardadas porque, ¿para qué acordarse? 


Un año más tarde, aquí estamos en la sala, abuelo recostado en el sofá, y yo escribiendo y desahogándome. Porque, aunque no soy tan relevante o tan visible como antes, sigo estando aquí, y sigo luchando. Porque así me enseñaron, y así seguiré. Porque queda gente por la que luchar. Empezando por mí.


Voy a seguir trabajando, seguir cuidando a abuelo, hasta empecé a estudiar de nuevo… Tengo que seguir haciendo todo lo posible por mantenerme y mantener a los míos a flote… porque eso me enseñó mi mamá. Mi mamá, que no dio ni pidió tregua y sacó a sus hijos adelante. Y lo menos que yo puedo hacer para honrarla es luchar. Porque dicen que “no hay mal que dure 100 años…”


Hoy, como todos los demás días, tocará vivir lo mejor posible, dentro de todo, con la esperanza de un mejor futuro. Porque, en este cuadrilátero llamado vida, uno honra a su maestro poniendo todo en la línea. 


¡Te amo, mamá, y te extraño mucho!

lunes, 7 de enero de 2019

Haz algo por ti

Yo sé, la lista de resoluciones no cambia con los años. Bajar de peso, viajar, ahorrar, etc. Tenemos este bucket list irreal que nunca cumplimos porque no nos ponemos en posición de lograrlo. Y uso la palabra irreal, no porque sean metas imposibles, sino porque tenemos la creencia dándonos por detrás del cocote de que vamos a fallar. A volver a fallar.

La batalla contra la mente y las ideas negativas es diaria. Ellas no se cansan tanto como nosotros. Y es tan fácil caer víctimas de ellas, que no sabemos qué hacer. No sabemos hasta que nos detenemos y vemos las cosas en su justa perspectiva. Cuando las vemos del tamaño que realmente tienen. Bajar 50 libras (más o menos, no me he pesado de nuevo), ¿son tantas como para no intentarlo? Subir 200 puntos de crédito, ¿nadie jamás lo ha hecho? Comprar una casa o un carro nuevo, ¿es pensar en "pajaritos preña'os"? El ahorrar para el retiro, ¿ya se me hizo tarde? ¿En verdad todo esto está tan lejos, que el solo imaginarlo es cosa de locos?

Yo creo que no. Y les explicaré por qué. Y no porque sea el más experto ni este único motivador. Les voy a hablar de lo que he visto y vivido. Todo comienza por hacer algo por ti. A diario. Sin fallar. Si cuando yo me levanto no agradezco la bendición de seguir vivo, nada tendrá el valor por el cual yo luchar. Nos despertamos como robots a una hora que odiamos, a un trabajo que me repugna, con gente que me cae mal, a atender a personas que quizás no merecen el servicio y me tiran los retratos... disculpen, me desvié del tema. Si por la mañana, yo me olvido de desayunar, cuando llegue el almuerzo voy a estar más verde que un aguacate y me voy a comer el mundo entero. Y en la cena, ni se diga. Y llegar a la casa después de chuparse tremendo tapón en la carretera me hace pensar y repensar si hago ejercicios o no. Y sabemos que, si lo pensamos mucho, no hacemos nada. Y llegan esos días libres y julio que quiere es desaparecerse, y salir y gastar y comer y beber y que se fastidie todo. La vida es una sola, y uno no la hice para pagar deudas, ¿verdad? Cuando llegue a viejo, yo resuelvo, ¿verdad?... Y a la hora de pagar deudas, yo pago una ahora y otra después, que los cobradores esperen sentaditos. Pero eso sí, lleno cuanta solicitud de crédito llega a mis manos y me sigo llenando de deudas que al final, "pagará el diablo." Y pasa el tiempo y vez esas casas a la venta, y esos carros lindos en los dealers y los quieres, pero no tienes dinero ni bien crédito. Ves que cada día te sientes más cansado, y la ropa te sirve cada vez menos. El dinero no te da, no tienes de dónde más sacarlo. La vida, cada día, se hace más monótona. Cada día pesa más vivir.

"Ay, si, Edwin, ya dime ese paso por paso para mejorar todo eso..." ¿Paso por paso? La vida no es IKEA, donde tenemos un libro de instrucciones con los pasos A, B y Con, bien detallados, para que no nos perdamos (aunque nos seguimos perdiendo). La idea que yo les traigo ya yo la dije hace rato. Todo se resume en una sola frase: haz algo por ti. Porque lo que hago por mi es lo más importante que hago en mi vida. todo lo que hago para llegar a donde quiero nunca debe estar más abajo que en el primer lugar de mi lista de "cosas por hacer." El agradecer por la vida, el sentarme a alimentar mi cuerpo antes de comenzar mi día, el salir de mi casa con la idea de que nadie tendrá control sobre cómo yo me siento y me comporto, el guardar para cuando no haya, el cuidar mi crédito, o poner manos a la obra para rehabilitarlo, el visualizar los que quiero y trabajar por ello... son acciones que tengo que decidir hacer a diario, consistentemente. Es el amarme, el quererme a mí mismo del que tanto hemos escuchado y que todavía no acabamos de entender. "Vivir a plenitud", ese concepto utópico, no debe ser exclusivo de nadie, sino de todos. Vivir plenamente es luchar cada día por lo que deseas. Aún con el cansancio, con el dolor, con la rutina... Es que, en las 24 horas que se me conceden cada día, yo haga al menos 1 cosa que me haga mejor persona que ayer, y me ponga en posición de ser mejor mañana, si es que mañana llega. Y si mañana no llega, yo me vaya en paz conmigo mismo con la seguridad de que viví al máximo.

¿Qué he hecho por mí hoy? ¿Agradecí, sonreí, solté una carcajada, comí bien, guardé algo de dinero, aprendí algo nuevo? ¿Me amé un poco más hoy? ¿Luché por algún sueño? Si, luchar, porque en este cuadrilátero que llamamos vida, la pelea dura muchos rounds...




sábado, 14 de marzo de 2015

37



Treinta y siete años. La vida pasa muy rápido. Escribiendo estas palabras, reflexiono en lo vivido hasta hoy y, siendo muy objetivo, yo he vivido de todo. Y en mayor o menor medida, he tenido y he hecho de todo. Ha sido una vida en la que ha habido sus fracasos y sus decepciones, como todas. Pero han sido tantas y tantas las bendiciones y las alegrías que mi ánimo hoy es de celebrar la vida que Dios me ha dado y la que me ha tocado vivir. 

Celebrar los logros y las metas alcanzadas. Celebrar a la gente que he conocido y que estando o no aún conmigo me han hecho la persona que soy. Celebrar que aún estoy en pie de lucha. Celebrar lo que viene. Porque si algo he aprendido en esta vida es que lo mejor está por venir (sin alusiones políticas, plis, jajajajaja). 

Y aprender es lo principal que hacemos en esta vida. Aprendemos de nuestros errores. Y de las cosas que hacemos bien también, porque lo bueno no se cambia... Y de gente mucho más sabia que yo, he adquirido varios consejos que me han ayudado y me siguen ayudando día a día a intentar vivir la felicidad para la cual Dios me creó. Y son 37, ¡qué casualidad! Quizás les ayuden a ustedes también:


1- Sueña.

2- Ten metas.

3- Eres lo que haces, no lo que dices.

4- Mantén tu palabra.

5- Si te ofreciste a ayudar, no te quites hasta que el trabajo se haya hecho.

6- Sé amable. Todos tenemos nuestras propias luchas.





7- Aprende a escuchar, no solo a esperar tu turno de hablar.

8- De vez en cuando, trágate las cosas.

9- No obstante, la gente te respeta tanto como tú te hagas respetar. No te dejes manipular. Si alguien no te acepta, apártate.

10- Aprende a decir no.

11- Si no entiendes, pregunta antes que sea demasiado tarde.

12- No pierdas la tabla. Especialmente en el trabajo.

13- Si tienes que pelear, da primero y da duro.






14- Todo lo que ocurre es para bien.

15- De todos puedes aprender algo. De todos.

16- Enfrenta a los abusadores. Con que lo hagas una vez, bastará.

17- Pero cuidado con tú abusar: el que puedas no quiere decir que debas. 

18- Nunca alardees. Siempre habrá alguien mejor que tú en todo.

19- Si hiciste valer tu punto, no digas nada más.





20- Da crédito.

21- Admite que te equivocaste.

22- Nunca es tarde para una disculpa.

23- Perdona tus errores. Tienes derecho a fallar.

24- Sé paciente.

25- No aparentes. Se nota.

26- No te quejes, hay gente en peores situaciones que tú. Solo ve a un hospital, una cárcel, un hospitalillo...





27- Cuando no estés bien, actúa como si lo estuvieses. Las cosas positivas ocurren a la gente positiva.

28- Simplifica la vida. Hay gente experta en complicársela.

29- Ríe un poco más cada día.

30- Aprende al menos un buen chiste. (Ahí me salvé, me sé muchos, jajajajaja)

31- Sonríele a los extraños.

32- Estar viejo no lo determina a qué hora te acuestas.

33- No siempre serás el más fuerte o el más rápido. Pero si puedes ser el más duro.


34- Sé creativo y hasta comete locuras de vez en cuando.

35- Gestiona los cambios.

36- No dejes de escribir. Ya sea poesía, música, cuentos, o un blog como éste. Siempre alguien leerá, se identificará, lo hará parte de su vida. Así seas tú mismo.

37- Nunca es tarde para encontrar el sentido de la vida. Que lo conseguido no hipoteque tu porvenir. Esto no se ha acabado. Falta mucho camino por recorrer, mucha vida por vivir...

Gracias, Señor, por la vida que me tocó. Gracias por lo bueno y lo no tan bueno. Por el hombre en el que me he convertido. Gracias por la bendición... y por la crisis. ¡Por, al menos, 37 años más! 

¡Salud!




lunes, 24 de junio de 2013

Du It Llorcelf

Hay algo que aprendí de alguien mucho más sabio que yo (y no me acuerdo quién fue, mala mía). Es una conclusión de vida, a la que solo se llega por experiencia propia: si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo. Porque hay cosas que, sencillamente, no se pueden delegar...

Y en una economía que se contrae y no ofrece oportunidades de ingreso, esta conclusión se hace realidad. En una época en que tenemos el Facebook y el Twitter lleno de gente pero los verdaderos amigos los puedes contar con las manos y te sobran brazos enteros, es la conclusión lógica. Con una clase política que se enajena del pueblo en el preciso instante en que toman posesión de sus cargos, ¿de qué otra manera podemos pensar? Cuando algunos de nuestros líderes religiosos piensan en sus feligreses como una cartera de inversiones, ¿nos culparías por pensar en "doing it ourselves"? El trabajo tampoco escapa de esta realidad: cuando tus jefes y dos o tres soplapotes se despiertan todos los días con la encomienda de pisotearte para ellos escalar posiciones, ¿qué queda? 

Me fui lejos, pero sé que me entienden. Por ejemplo, si me toca ir al médico, el médico no me va a llamar a casa a darme la fecha de la cita. Me toca a mí llamar a su oficina. Si no, no hay break, cuando me explote una condición, es mi culpa. Por otro lado, si no me gusta mi trabajo, soy yo el que tengo que buscar uno nuevo, no va a llegar a casa. O si quiero un ascenso o aumento (no necesariamente en ese orden), tengo que pedirlo yo, tramitarlo yo, buscar los documentos yo, buscar las palas yo (o sea, somos adultos, no pongan esa cara).... Si quieres una bendición para tu vida, tú da el testimonio, tú haz las buenas obras, tú ora, tú entrégate al prójimo. que esa sea tu ofrenda. porque yo no voy a la iglesia a enriquecer al pastor, o al sacerdote. Nada de lo mío puede depender de nadie, porque el día en que esa persona me falle, me voy directo a la fregada. 

Este pasado viernes fue un día en que todas las personas que se cruzaron en mi camino se confabularon para quedarme mal. ¿Por eso me voy a frustrar? Uno se enoja, somos humanos. Pero pues, tuve que hacer todo eso que le confié a otros, yo mismo. Me voy a tardar más, pero me aseguro que salga, que se dé. 

Hoy es lunes. O por lo menos planeo publicar esto lunes. Tenemos una semana frente a nosotros que promete explotarnos los timbales. Una semana tensa. Difícil. Decisiva. Para todos. Pero, a la misma vez, esta semana se presenta como una llena de oportunidades al alcance de nuestras manos. Están ahí, a simple vista. Y sé muy bien que hay gente leyendo esto que son personas de empuje, asertivas, emprendedoras, de actitud positiva, de mente y corazón abiertos a las cosas nuevas. Este es un llamado para que - frente al temido, odiado, repudiado lunes - abramos los ojos, busquemos esa oportunidad y la hagamos nuestra. Pero eso es indelegable. Me toca a mí. Mi vida y hacia dónde la dirijo está en mis manos. Lo que necesito llegará en la medida en que yo mismo lo consiga. Como me enseñaron mis profesores de trabajo social: yo no le digo a la gente cómo vivir su vida. Yo le doy herramientas, ellos deciden si las usan o no.

Todo esto no significa que prescinda de la gente y viva como un ermitaño, aislado, sin confiar en nadie y sin pedir ayuda. Lo que significa es que, en este cuadrilátero llamado vida, mis peleas las doy yo. Las gano y las pierdo yo. 

viernes, 29 de julio de 2011

Rendirse no es una opción... ¡Jamás!

"Resilencia: capacidad de, no sólo enfrentar la adversidad y superarla, sino de salir fortalecido/a de ella... #NoHayOpción"

Así decía uno de mis tweets/status en Twitter y Facebook hace dos noches... La escuché en un anuncio de televisión y tuve que compartirla, porque me pareció una definición exacta y sencilla de una gran virtud en cualquier ser humano. Y le llamo gran virtud porque tiene 2 grandes condiciones: no sólo entras en batalla con algún reto, obstáculo y/o adversidad, sino que te preparas y fortaleces para lo siguiente.

Sería muy fácil tomar el camino de la conformidad, de la resignación... De que "no puedo", "es imposible". Probablemente, te ahorrarías la humillación de una derrota segura. Dejar el deporte que disfrutas tanto jugar porque eres un "come banco" (los reconozco, soy uno de ellos)... Aplicarte en otras clases en la escuela y descuidar esa que te da problemas porque "nunca di pie con bolas en ella, déjame pasarla raspando"... Renunciar a un puesto más alto en tu lugar de trabajo porque crees que "nadie toma en cuenta tu trabajo" y que "sólo el que tiene palas, progresa"... Y como último ejemplo, dejar de luchar con la enfermedad porque "de algo me tengo que morir" o "a nadie le haré falta"...

Esto es fácil, señoras y señores: hay que saber escoger las batallas que debemos pelear... Y esas son: ¡todas! Practicar y practicar hasta dominar las más básicas destrezas de ese deporte. Estudiar y estudiar, con conciencia y el compromiso de demostrar conocimiento cuando sea necesario. Aprender y aprender nuestras tareas y las de otros puestos en nuestra área de trabajo para tener mayores oportunidades de crecimiento. Y luchar y luchar contra lo que aflije nuestro cuerpo, siguiendo nuestro tratamiento al pie de la letra, sin darle espacio a la enfermedad...

¿Que las ganas de luchar se acaban? Si, hay días que simplemente no están... Pero el camino es continuo, hay que seguir caminándolo, aunque sea más lentamente... Se dice que de los cobardes nunca se ha escrito nada. Y yo no seré quién cambie eso, ¿ok? Escribo esto porque este mundo ha perdido la esperanza. Y la resilencia va de la mano de la esperanza. ¿Cómo yo seguiré luchando si no espero por algo mejor? Crío a mis hijos con valores para que ellos sean personas de provecho; trabajo duro para tener mis cosas; cumplo como ciudadano con todas mis responsabilidades... Porque espero que ese esfuerzo me dé la oportunidad de una vida mejor. No color de rosa: mejor. Y por no ser color de rosa, el momento nos pide la voluntad de dejarnos moldear por los retos diarios y transformarnos en testimonio de éxito, de vivir como campeón. Porque, en este cuadrilátero llamado vida, hay que conducirse como campeón... aún luchando a mitad de cartelera.