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lunes, 2 de julio de 2012

Próxima parada: ¿Londres?

Me tienta hablar mucho de este tema, y es el baloncesto. Y más ahora que hoy empieza el famoso "repechaje", o el Torneo Clasificatorio Olímpico para varones. Los "12 Magníficos", como se le conoce al Equipo Nacional Masculino de baloncesto puertorriqueño, viajan a tierras venezolanas a intentar clasificar a los Juegos Olímpicos. Ya es la segunda vez que asisten a este tipo de torneo y, a decir verdad, no les fue muy bien la primera vez.

Y ese resultado es, en mi humilde opinión, un reflejo de los tiempos que pasa el basket boricua. Así como los Piculín, Mincy, Quijote, Rivas, León, Carter, etc., le dieron paso a una nueva camada de jóvenes talentos para que tomaran su lugar, así mismo varios veteranos se han hecho a un lado para que la nueva generación de canasteros nos representen.

Además, el deporte se ha profesionalizado grandemente, y ahora los jugadores son "assets" (activos) de los equipos, los cuales representan mucho billete para sus dueños. Por eso, en estos tiempos, no es rentable dejarlos participar en Olimpiadas ni pre-olímpicos o pre-mundiales, etc. Ya los seguros no los quieren cubrir por el riesgo (real, como el caso de Edgar Sosa, jugador dominicano, en el pre-olímpico de 2011) de lesiones. Y los mismos jugadores se frenan muchas veces si están en época de renovar sus contratos.

Uno podría llegar a entender esos y otros motivos para la baja en el rendimiento del equipo nacional. Y, como expliqué en una entrada anterior, ahora hay torneos "grandes" y "pequeños", donde van los equipos "A" y "B" a competir. El primero, supuestamente el "mejor", va a los torneos que clasifican para algo. El equipo B es el "menos bueno" y está lleno de novatos y jóvenes que necesitan experiencia y van a los torneos regionales a adquirirla. No es que me encante la idea de segregarlos tanto, pero son estrategias de nuestra egregia (sarcasmo) Federación de Baloncesto.

Dicho esto, quiero ser bien claro en mis opiniones: es la Federación la que convoca a los Equipos Nacionales. No es uno mismo quien se convoca. Ni tampoco es uno mismo quien se "corta" del equipo. La inconsistencia en las actuaciones del equipo nacional afectan su ranking mundial, lo que a su vez afecta la capacidad de recibir wild cards a torneos de importancia y de correr como país candidato a ser sede de grandes competencias. Ni la Federación ni algunos jugadores han entendido eso. Mientras jugadores como Ubiles, Ayuso, Dalmau, entre otros, decidan que hoy no estoy pa'l Equipo Nacional, ese torneo no es importante, mejor es ir al campamento de la NBA o no me aseguraron estar en el cuadro o estoy comiendo sendo banco, etc., y la Federación sea tan boquiabajo que le ría las gracias, nuestra representación en el deporte de los canastos seguirá estancada. Mientras sean los auspiciadores y los dueños de equipo sean los que deciden quiénes juegan y quienes no, estamos feos pa la foto y peor pa'l video.

El dinero le ha quitado el espíritu al olimpismo. Mis ganancias son más importantes que los beneficios sociales, culturales y económicos que nuestras delegaciones deportivas le atraen al país. Aprovechamos el más mínimo momento para denigrar a nuestros atletas cuando no ganan. Como si todos los atletas ganan siempre. Analicemos un hecho: representar al país (en lo que sea) es un PRIVILEGIO que sólo unos pocos tienen, y que usted ni yo probablemente jamás tendremos. Yo jamás sabré lo que es eso. Es un honor que no tiene precio. Por lo tanto, es menester aceptarlo, sin excusas, y llevarlo a cabo con el mayor de los compromisos. Y es responsabilidad de los encargados de ese equipo el proveer las condiciones para que nuestros jugadores vayan bien preparados y enfocados a conseguir la clasificación.

Yo no conozco personalmente a ningún jugador de nuestro equipo nacional. No conozco sus motivaciones para estar ahí. No sé si atesoran esta oportunidad. Lo que si sé es que veo en sus uniformes el nombre "Puerto Rico". Pisan la cancha y me olvido de los bochinches, de las peleas, de las excusas, de la falta de fondos... Suena el silbato y es momento de ganar, con los que escucharon el llamado, con los que dijeron que si. Como fanático (porque eso es lo que soy, no pretendo ser nada parecido a un experto), les deseo el mayor de los éxitos y que Dios los cuide. Y olvídense de lo que diga "el papel". El juego comienza cero a cero y juegan cinco contra cinco. Hoy: Venezuela. Próxima parada: Londres. Si, así será.

viernes, 11 de mayo de 2012

La satisfacción del deber cumplido, ¿basta?

"La satisfacción del deber cumplido"...

Cuando uno tiene un trabajo de mucha responsabilidad y poco salario, eso es lo único que queda. Porque nadie, NADIE, es indispensable en ninguna empresa o agencia de gobierno. Te arriesgas a sufrir decepción tras decepción al momento en que decides dar la famosa "milla extra". Sabes, muy en el fondo, que el verdadero pago que recibirás por tu esfuerzo es... la satisfacción del deber cumplido. Bla, bla, bla.

Es que, si lo analizas bien, nada hace sentido: te levantas a una hora totalmente inhumana, desayunas (si lo haces) a las millas, para luego meterte en sendo tapón, escuchando cuánta mala noticia recortaron del periódico los de la radio... Entonces llegas ajora'o al trabajo a ponchar, para encontrarte con los mismos 4 gatos que van todos los días, todos los días (como Pizza Hut) a solicitarte servicios con los documentos incompletos.... que ya le has dicho 7 veces que no los tienen completos y no se los vas a recibir, ñeta. Lo último lo dije en mi mente, por si acaso.

Un momento, no se equivoquen... Le agradezco a Dios por tener trabajo en una época tan mala como esta. Puedo proveer para los míos y eso es muy importante. El problema que el trabajo no solamente debe proveer dinero, sino satisfacción personal y progreso profesional. Yo firmé, como dicen por ahí, "pa' 40"... ¿40 años? ¿Haciendo lo mismo? Si fuese haciendo el amor, estaríamos gozando pana mío, pero trabajando en lo mismo, eso no era. Y ganándote centavos, mientras un montón de pelañemas con una décima parte de la inteligencia que yo tengo... en la uña del dedo pequeño de mi pie izquierdo... se embolsillan obscenas cantidades de dinero y no defienden a la clase trabajadora. Y seguirá así ya que iremos a perpetuar nuestras miserias a fuerza de cruces y escrutinios fatulos.

¿Y las uniones? Bien, gracias. Cobrando primas, y si los dejas, te cobran las sobrinas y las hermanas. ¿Así quieren crear conciencia sindical en las nuevas generaciones de empleados públicos? ¿Cada uno con su finquita aparte? Y al final, ¿qué queda? La dichosa satisfacción del deber cumplido... que no me paga la compra ni la casa. Pero está ahí, recordándote que lo verdaderamente importante y valioso en este mundo, casi siempre, es invisible a los ojos y no se le puede poner un número.

Esa satisfacción por el deber cumplido es la que me dará el empujón para salirme de la cama y servir a quién se lo merezca y a quién no. No importa si no hay convenio colectivo, si tus superiores no te apoyan, si te ganas varios enemigos, si ganas menos que en un fast food, si dicen que eres igual de vago que los demás empleados de gobierno... Nada como saber y sentir que cumpliste con tu deber. Es lo único que queda. Es lo único que hace falta.

"Buenos días. ¿En qué le puedo servir?"




martes, 21 de junio de 2011

¿Todos para uno y uno para todos?

Hoy aprendí, de la peor forma, lo que es sentir vergüenza ajena. Y es una sensación que no le deseo a nadie. Sentirte culpable, responsable por acciones de otros, además de las propias.

Yo soy trabajador social y tengo la mala costumbre de preocuparme demasiado por los demás. Y la llamo mala porque debe serlo: no mucha gente la tiene o la quiere. En fin, llega un cliente tarde, a punto de cerrar, con un pedido de última hora. Se le explica que debía venir al día siguiente porque la persona que "podía" ayudarlo trabajaba temprano.

Me detengo un momento para analizar algo: si sólo una persona en la oficina puede hacer algo en particular, ¿cuán efectivos somos en realidad? Y si a veces estamos cansados de atender público, ¿por qué no aprender de todo para atenderlo en menos tiempo? Estoy siendo realista: hay días buenos y días malos. Pero qué malo es ir a buscar ayuda a un sitio lleno de gente y nadie te "pueda" ayudar.

Así que, al final, terminé haciéndolo yo. Perdí mi pon a casa, salí tarde y un poco decepcionado de que a veces renunciemos a aprender algo nuevo. O a ayudar a otros con lo que sabemos. Lo que es lo mismo... ¿Podemos decidir cuándo servir? Fuera de lo que dice la ley, ¿es prohibido dar sólo un poco más?

En conclusión, mañana no iba a trabajar... Pero, mientras escribo, le pongo la alarma al reloj porque mañana hay trabajo. Recuerden: aquellos que hoy pelean en el evento estelar, empezaron abriendo carteleras... Próximo paso: la mitad de cartelera...