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lunes, 15 de agosto de 2016

Perdón, Mónica

Mónica:

Voy a establecer un punto bien claro desde el principio:

Hubo un tiempo en que pensé que no llegarías muy lejos. Que solo serías una "promesa" sin cumplir. Perdóname por eso. 

Llevo varios años escuchando tu nombre destacarse en categorías inferiores, como nuestra más grande promesa en el tenis. Y eso yo siempre lo he respetado: el trabajo duro, desde abajo. Pero, en mi infinita ignorancia en el deporte, veía la otra parte de la moneda: jóvenes de tu edad -y hasta menores- que ya despuntaban en la élite del deporte a nivel profesional. Veía las Mónica Seles y Jennifer Capriatti de la vida ser las primeras raquetas del mundo en sus años adolescentes. Y no veía ese nivel en ti a esa misma edad. Pensaba: "ay bendito, esta nena como que se está quedando estancada. No llegará a nada importante." Como te dije, soy un ignorante deportivo, y pensaba que el camino de cada atleta es igual. Perdóname por no creer en ti. 

Probablemente no fui el único que pensaba así. Aquí, el atleta del patio si no trae medallas no sirve en nuestra infinitamente estúpida opinión, sin poner en una balanza los muchos factores que influyen en ganarlas. Nos olvidamos que no todos los atletas son "fenómenos", que son buenos desde el saque. Todo atleta debe prepararse física, mental y tácticamente para enfrentar a su competencia y dominarla. Y, de solo verte, se ve que el trabajo lo has hecho a diario. Tu desarrollo a nivel juvenil, universitario y profesional te apoya. Perdóname si no le di crédito a tus resultados.

Entonces llegaron los Juegos Centroamericanos, los Panamericanos, los torneos profesionales... Nos enseñaste cuánto habías madurado, cuánto habías aprendido, la categoría de jugadora que tienes. Te convertiste poco a poco en una de las "garantía de medalla" de la delegación puertorriqueña. Ya la pregunta no era: "¿ganará algo?", sino: "¿qué medalla ganará?" "¿a quién derrotará?". Tus triunfos se acumulaban, tu ranking escalaba posiciones a pasos agigantados... Y me volviste un creyente, un fanático tuyo. Porque, aún cuando pasaba el tiempo, sigues siendo una jovencita. Estabas empezando prácticamente y ya no eras una promesa. Eras el presente y el futuro del tenis puertorriqueño. Aún con muchos escépticos, yo incluído. Perdóname por eso. Estrellas como tú no nacen por montones. 

Llegan las Olimpiadas, y ¡qué despliegue de estrellas en el tenis femenino! Las mejores raquetas del mundo fueron a Río, incluyendo a las hermanas Williams (las cuales se fueron sin medallas, ¡qué cosa!). Se te cruzó la mayoría de ellas en el camino... y les pasaste la aplanadora. Cayeron como moscas, todas. Y tú, sólo tú, quedaste en pie, sonriente, llena de vida, mostrando con orgullo nuestra bandera. Y sonó La Borinqueña en Brasil. Las gestas de los más grandes atletas de nuestra tierra, aquellas que muchas veces no fueron premiadas, pasaron frente a nuestros ojos mientras te veíamos llorar de alegría en lo más alto del podio. Ya no era bronce con sabor a oro. Ya no era plata con sabor a oro. Ya no era una participación honrosa. A través de ti recordamos y valoramos a todo aquél que ha vestido nuestros colores aún con lo malagradecidos que hemos sido con ellos. Tu medalla de oro la celebramos todos, tus compañeros atletas y los que no jugamos ni bolita y hoyo. Y todos aprendimos que la opinión que realmente importa es la que tengamos de nosotros mismos. Perdona si proyecté mis fallos y malos resultados en ti. y gracias por la lección.

En una época en la que nuestra identidad como pueblo y como personas ha sufrido grandes golpes, tu ejemplo de resiliencia nos hace mirar con esperanza. A soñar. A entender que sólo el compromiso y el trabajo duro da frutos. Que seremos lo que creemos que somos. Y que no es la meta, sino el camino el que debemos disfrutar. A nosotros como pueblo nos espera un camino tortuoso, lleno de difíciles decisiones. A ti también: tienes toda tu carrera por delante y decidirás hasta donde llegarás, lo que estás dispuesta a sacrificar. Pero de algo si estoy seguro: todo el país te apoyará. Te seguirá a donde vayas, y reirá y llorará contigo tus triunfos y derrotas. Esta vez, sin dudas que eres de las mejores del mundo, que serás siempre nuestra campeona. Gracias por todo. Y gracias por hacerme quedar mal.

Perdóname, he sido un hombre de poca fe...


lunes, 27 de mayo de 2013

Tengo muchas cosas que decir...

Me he dado cuenta que lo único en esta vida que puedo controlar es lo que yo hago. Porque si, quisiera que este mundo sea mejor, más justo para todos. Pero me encuentro con lo mismo todos los días: en la calle, en el periódico, en la TV, en las redes sociales. Y no les miento  si les digo que, a veces, me dan ganas de largarme -no a otro país- si no a otro planeta.

Sin embargo, reconozco que como único yo cambio mi ambiente es siendo ese cambio. Y mientras todo esto suena muy lindo y poético, de nada sirve sin la acción correspondiente. 

No nos llamemos a engaño: ninguno de nosotros es Superman (no hablo contigo, Clark Kent). El cambio que debo provocar es donde estoy. En MI CASA, MI ESCUELA, MI TRABAJO, MI IGLESIA, MI PUEBLO. Pero, primero que todo, en MI. 

Debo aceptar de una vez y por todas que NADA en esta vida es regalado. Que la gente que amo, alguna vez, me va a fallar porque son tan humanos como yo, que también fallo. Que lo que aprendo en el salón de clases es mío para toda la vida. Que si en mi trabajo nadie me sirve de ejemplo, YO debo serlo. Que el testimonio que realmente convierte a los demás es el mío. Que, por más mala que esté la situación en mi país, los buenos SIEMPRE seremos más.

Tengo muchas cosas que decir, pero sentí que esto no podïa pasar de hoy. Un mensaje de esperanza no puede esperar. Para lo demás, habrá tiempo.




jueves, 21 de marzo de 2013

Sub-campeón

¿Que perdieron? Si. ¿Que República Dominicana le ganó tres veces? También. ¿Que se quedó corto Puerto Rico de nuevo? Quizás. O quizás no. En mi humilde opinión, la actuación del equipo de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol sobrepasó las expectativas de todos. Y nos trajo cosas muy buenas. Porque, aún con la derrota, hay razones para sonreir.

Primero, nos dio esperanza. Nos dio la oportunidad de soñar, de ver más allá. Y en una sociedad que adolece de buenas noticias, este equipo fue un farol brillante entre mucha oscuridad. Los imaginamos levantando el trofeo y, con ellos, todos nosotros. Nos vimos al fin celebrando. Los complejos desaparecieron. Y fue Puerto Rico, PUERTO RICO, quien le dio vida a un Clásico que hubiese pasado desapercibido aún con la gran actuación de Dominicana. Aún perdiendo, el público, el deporte, el país ganó.

También, aprendimos que el papel aguanta todo lo que le escriban. Descartaron al equipo porque no se veían los apellidos Alomar, González, Williams, Martínez, Baerga, y demás. Estábamos destinados a coger pela tras pela tras pela. Dos semanas después, Venezuela, USA, Japón, entre otros, miraban el Clásico desde sus casas mientras Puerto Rico jugaba la final contra Dominicana. Porque más importante que los nombres, son los hombres.

Nos montamos todos, TODOS, en la ola. Hasta los que hoy se burlan del equipo llamándolo Sub-campeón (como si fuese malo ser el SEGUNDO mejor equipo del planeta). ¿Alguno de nosotros es el segundo mejor del mundo en algo? Ah, eso pensé.

Pueden decir que hicimos el ridículo, que barrieron con nosotros, que jugamos como nunca y perdimos como siempre. Pero este juego por el campeonato del mundo fue una victoria para todos los puertorriqueños. Y me llena de alegría y la sonrisa en mi cara no se va. Me siento parte de una tierra de ganadores, de luchadores, de fajones.

#SoySubcampeón y con orgullo. La República Dominicana tiene mejor equipo... Pero el mío es Puerto Rico ayer, hoy y siempre.




miércoles, 24 de octubre de 2012

El canto de las balas

No sé cuántos fueron. Muchos. Demasiados. Y se escucharon como si hubiesen ocurrido en el patio de mi casa. Alguien disparó... y yo fui el único que lo oí. Nadie más.

Como si el mensaje oculto de tal suceso fuese exclusivamente para mí. Como un alerta... Un recordatorio de que las balas no deben ser algo cotidiano. Algo normal, esperado. Algo a lo que tengo que acostumbrarme.

¿Quién invitó a la horrible cara, la tenebrosa voz, de la violencia, de la muerte a destiempo, a las noches de mi tierra, regida por el colorido cantar del coquí? ¿Con qué derecho nos creemos propietarios de la paz y la tranquilidad del prójimo? ¿De su vida?

La paz se ha convertido en un privilegio que muy pocos disfrutan. Un privilegio que cada vez nos sale más caro: desde las alarmas, las rejas, las armas, hasta el renunciar a nuestra vida social. Lo escuchamos todos los días, de boca nuestra o de nuestra gente. No se limita a las "altas horas de la noche"... Ni en nuestro "hogar, dulce hogar" estamos a salvo. Ni en la calle, el mall, el cine. Esos espacios se han convertido, lamentablemente, en campos de guerra. En el patio donde el demonio juega a policías y ladrones.

Uno se siente impotente ante este cuadro, este "diagnóstico" informal que uno hace de la situación. Sabiendo muy bien que, por uno mismo, es imposible hacer algo físicamente para detener estos incidentes. No obstante, nuestro campo de acción, la tierra buena en la que debemos sembrar buena semilla, está en nuestras casas. Los más jóvenes deben convertirse en ese huerto que da frutos alimentado por los valores que les inculcamos. Son esos frutos los que sostendrán a esta sociedad falta de esperanza.

Dos personas murieron muy cerca de mí. No sé sus nombres, probablemente no los conocía. Pero temo que era gente joven. Como la que me encuentro a cada momento a mi alrededor. Gente joven que no debería tener nada que ver ni buscar con la violencia ni la muerte.

Esa alarma sigue sonando, al oído, y me despierta a la realidad de una lucha que tenemos que seguir dando los que nos quedamos. Las balas suenan muy cerca, y el coquí se escucha cada vez más lejano...

Que descansen en paz.

viernes, 3 de agosto de 2012

En pie de lucha

En este cuadrilátero llamado vida, no puedes pedir tiempo. No te dan tregua, ni la puedes dar. El reloj corre, y hay que aprovechar cada segundo desde ese primer campanazo. 

La introducción...

  
"Haciendo su recorrido hacia el ring, el retador..."

Asomamos nuestra cara hacia afuera de la casa y sabemos de antemano que nos encontraremos con un tumulto de gente metida en carros en un descomunal tapón. Muchos, con demasiadas presiones sobre sus hombros. Con tristeza. Con miedo. Otros, con esperanza. Quizás, sólo con eso. Todo eso está presente en nuestras mentes. Pero aún así, nos encaminamos a la lucha diaria... Orando que no se vacíe una goma.

Suena la campana... 

"Ding, ding"

Ponchamos en el trabajo, entramos al salón de clases, a la oficina del gobierno, al salón de terapias... Y la lucha comienza. 

Toma de arbitro...

La rutina, los problemas, el cansancio, vienen de frente hacia nosotros y medimos fuerzas con ellos, tratando de sacar ventaja y dominar. Hasta otras personas se convierten en nuestros rivales, hasta con una mala actitud.  Empiezan los candados, las llaves y contrallaves. Un trabajo a última hora, una asignación, un cliente difícil, un compañero o compañera de trabajo aún más difícil, son esa "picada de ojos" que nos quita el foco momentáneamente.

Monkey flip y un par de patadas voladoras...


Algunas veces hay gente que nos quiere hacer lucir mal y humillarnos. Estas dos movidas son ejemplo de eso. El abusador de la escuela, el o la recepcionista amargado, el lambón del jefe que no quiere que lo hagan lucir mal, el maestro o maestra que cree saberlo todo... Hay que sacudirse y seguir luchando. 

Pelea fuera del ring...


Y muchas veces, para resolver los problemas, tenemos que "matarnos en la raya" (Héctor el Father voice) (Cuando digo matarnos, no es literalmente). Las circunstancias no serán siempre las mejores. Hay que estar preparado para pelear, por mi educación, por mi desarrollo profesional, por mi felicidad. Por los medios que sean necesarios.

La llave final...



Quizás la apliques tú, o la recibas. Eso es inmaterial. Porque, al fin y al cabo, es sólo una batalla. Son las únicas 24 horas que tenemos en nuestras manos y, en ellas, aprendemos de cada triunfo y cada fracaso. El día no depende tanto de metas individuales, sino de construir una experiencia de vida plena y satisfactoria. Hoy aprendo y crezco porque vivo. Si mañana despierto de nuevo, habrá tiempo para reagruparse e ir por ese toque de espaldas, por los tres segundos. Ganando o perdiendo, soy una mejor persona hoy. ¡Pero no se equivoquen! Hoy es el tiempo de ganar. Éxito, y nos vemos en las luchas. 

"¡Uno, dos, tres! El vencedor es..." 




jueves, 12 de julio de 2012

La inconsistencia de la consistencia

"La inconsistencia es lo único en que los hombres son consistentes." Horace Smith

En mis eternos viajes mentales, me preguntaba de qué rayos iba a escribir en el dichoso blog para que la gente no se aburra (como si yo fuera el payaso del circo, que estoy para entretenerlos a ustedes, chorro de joyas). Bueno, en una de esas, me saltó a la mente una palabra que le han dado duro últimamente: consistencia.

Que si al Equipo Nacional le falta consistencia (claro, muy fácil practicando 2 semanas con la mitad del equipo), que si los políticos CONSISTENTEMENTE nos tratan de ver la cara de... oveja a nosotros (lo cual nos merecemos por votar estúpidamente), que si CONSISTENTEMENTE matan a dos o tres a tiros en las carreteras de Puerto Rico (ya ni siquiera es atropellado o accidentado), que si CONSISTENTEMENTE Maripily es la primera plana de los periódicos del país (lo cual CONSISTENTEMENTE me la pela de raíz)... Y yo me pregunto: ¿sabremos en esta isla qué significa la consistencia, ser consistente?

Ya saben el drill: voy a poner la definición del diccionario (como para que parezca que hice tremendo research)... CONSISTENCIA: f. 1. Propiedad de lo que es duradero, estable o sólido:
"la consistencia de sus argumentos no daba lugar a la réplica."
2. Cohesión entre las partículas de una masa:
"tienes que conseguir que la pasta tenga más consistencia." (referencia: www.wordreference.com)

Comencemos con la primera definición. Algo con consistencia es duradero, estable, sólido. Uno querría pensar que, por ejemplo, los valores de nuestra sociedad son consistentes. El problema es que si nosotros, los adultos, no damos el ejemplo a los más jóvenes, ¿cómo esos valores que decimos tanto atesorar van a pasar a las próximas generaciones? Valores como el amor, el respeto, la empatía, la honradez, la disciplina, la responsabilidad, entre otros, están condenados a morir de no ser transmitidos de forma consistente. Creceremos sin valores y sujetos a lo que vivimos ahora: una guerra civil.

¿Y qué de la segunda definición? Tiene mucho que ver. Si nuestra sociedad, que es tan diversa si analizamos persona a persona, no tiene ningún tipo de cohesión entre sus miembros, deja de ser sociedad. Es que ni siquiera en una misma familia escapamos de la diversidad. Entonces, ¿qué cohesión podemos lograr entre tanta gente? Yo no hablo de vínculos cercanos, porque es imposible yo conocer personalmente a 3 millones de personas. Mucho menos tener una relación con ellas. Pero si puedo tomar conciencia de los efectos de mis palabras y acciones en las demás personas. Debo aprender que ese contacto con mi prójimo transmite la esencia de quién yo soy y lo que creo al otro y lo impacta en mayor o menor forma en su carácter, su ánimo, su actuar... Y, sin querer, impacta cada ser humano al que se encuentre esa otra persona. Si a mi prójimo le transmito violencia, negatividad, desánimo, frustración, no puedo esperar que los demás enriquezcan mi vida con cosas positivas. Y, en consecuencia, nos seguimos arrancándonos las cabezas en la calle por estupideces.

Sin embargo, si cada uno de nosotros pone de su parte, un día a la vez, en vivir según los más altos valores, aportaremos a un verdadero fortalecimiento de nuestra sociedad. Estaremos unidos en uno, aún sin conocernos, y le quitaremos el control del país de las manos a los criminales, a los grandes intereses... No es de un día para el otro. Se necesita el compromiso de luchar, un día a la vez, para cada uno ser mejor en estas 24 horas que Dios nos entregó esta mañana. El ser consistente es, en mi opinión, una de las mayores cualidades del ser humano. No importa quien seamos ni en lo que creamos, seamos consistentes, auténticos. Y brindemos a los demás lo mejor de nosotros, un día a la vez. Nuestra sociedad lo necesita.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Que las palabras no caigan en el vacío...

Hoy en las redes sociales se reúne el "Fan Club de Paulo Coehlo", jajaja. Embuste, no se enojen, que lo mejor que podemos transmitir a otra persona es una palabra de aliento y esperanza. Para muchos parecerá una pérdida total y absoluta de tiempo. Pero hay tanta gente que cree que ya este mundo no tiene esperanza y que nadie puede hacer nada para cambiar eso.

Son personas que han pasado por muchas vicisitudes este año... o la gente que se queja por todo para hacerse los más graciosos y llamar la atención. Díganme, ¿estoy mal por desearle lo mejor a los demás? ¿Me voy a amargar la vida por dos o tres que se levantan hartos de odio todos los días?

Este país podrá estar sordo, pero yo no estoy mudo. Porque, ya sea dicha o escrita, mis palabras hablan de lo que llevo en mi corazón. De ellas aprendo a vivir mejor y en ellas está la semilla de las buenas acciones. Si Jesús enseñaba con palabras para luego llevarlo a la acción, ¿por qué yo debo guardarme sólo para mí esas palabras de bendición que he recibido por tanto tiempo?

Hay personas que lo único que escriben en las redes sociales son mensajes positivos. ¿Por qué los atacamos tanto? Yo prefiero eso a leer a dos o tres que lo único que escriben es que se sienten mal, o que tienen dolor, o que les apesta la vida. A veces deseo que, al lado del botón de like, hubiese un botón para darle un balazo "virtual" a todos los quejosos para ayudarlos a terminar con su miserable existencia. O sea, no piensen que no pienso en ustedes también...

A esos me los tengo que chupar, pero uno trata de ser positivo y ya les está malo. ¡Pues no! Tengo mucha fe de que, en lugar del "fin del mundo", es el comienzo de muchos años de innumerables bendiciones y grandes alegrías. Si usted quiere escribir cuanta frase haya puesto Coehlo en sus libros y postearlo en Facebook y Twitter, hágalo. Si se siente como basura y, aún así, tiene palabras hermosas para compartir, le doy las gracias. Eso no es ser hipócrita: es ser una persona bien centrada con una excelente salud mental. Hipócrita es el que se queja pero está loco por palabras así.

Y, en un país que lo único que escucha son malas noticias, un mensaje positivo nunca está de más. Lo que hagamos con el mensaje queda de cada cual. Y lo positivo que saquemos de este año, también. Les deseo un muy feliz año 2012 y que Dios bendiga nuestro pueblo. Nos vemos... en las luchas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Gracias por la "crisis"...

Y por "crisis", me refiero a esta oportunidad de expresar mis opiniones y que lleguen a otros para analizar y reflexionar. Porque la "crisis" no es del todo mala: no existe nada como la dinámica de sacudir el piso de nuestras ideas cuando ya están obsoletas.

Este año ha sido uno de grandes bendiciones y descubrimientos. Y todo es gracias a Dios. Desde mis hijas creciendo y desarrollándose, trabajar en un lugar donde finalmente me siento en familia, o volver a encontrar el amor... Tengo muchas razones para estar agradecido.

Pero es la esperanza renovada lo que me ha ayudado a ver mejor todo lo recibido. Porque Dios siempre ha estado ahí. Sea Thanksgiving o no. Porque no hay nada mejor que vivir con esperanza, confianza y ánimos renovados al saber que estamos bajo el amparo del Altísimo.

¡Gracias, Señor, por tu amor! El camino ya no es tan largo a tu lado... Ni la cruz tan pesada... ¡Feliz día de Acción de Gracias!

miércoles, 5 de octubre de 2011

"Un suicidio" el suicidio...

He querido escribir esto desde hace un tiempo: hablaba con alguien a quien amo mucho y me contó que vio en las noticias que una mujer residente de la urbanización Valle Arriba Heights, en el municipio de Carolina, lamentablemente se suicidó. Más lamentable fue que ese mismo día, otras 2 personas tomaron la misma decisión.

¿Y por qué traigo esto a colación? Porque tengo la impresión que, como sociedad, nos hemos olvidado de que esa es una realidad que viven muchas personas y familias en Puerto Rico. Todos y todas... TODOS Y TODAS estamos propensos a tomar una decisión así. En unos tiempos donde de todos lados recibimos ataques, presiones, desiluciones, malas noticias... tenemos que estar alertas a las señales de peligro y riesgo. No sólo en los demás, sino también en nosotros. Porque decimos: "No me imagino haciéndolo"... Y ahí está el problema: creemos que no nos puede tocar.

Empezamos a escuchar a la gente decir que "quieren desaparecer", que les "apesta la vida", que "no puede más"... ¿Y qué hacemos muchas veces? No hacemos caso. No le damos ninguna importancia, catalogándolos de "changuerías". No nos prende la bombillita de alerta de que puede ser una idea seria, que pueden buscar hacer realidad. Debemos recordar siempre: esos podríamos ser tú o yo.

Hace unos años, se llevó a cabo en Puerto Rico una campaña en contra del suicidio llamada "No te quites". En la misma participaron muchas figuras públicas y de la sociedad civil en un esfuerzo para inyectar esperanza en nuestra sociedad, golpeada por un aumento en el número de casos suicidas. Por TV, marchas, publicidad, entre otros medios, se exhortaba a las personas a no tomar la drástica decisión de quitarse la vida. En lo personal, me gustó la campaña. Pero sabía que no era suficiente. Todos necesitamos en quien apoyarnos, a quien abrirle el corazón, con quien llorar... Si Dios creó algo valioso, es al prójimo. Somos los ojos de Dios para buscar al caído. Convivimos para sostenernos y ayudarnos. Para ser redes de apoyo. Porque no podemos depender del gobierno, la policía, la escuela, la iglesia... Empieza por nosotros el avivar la esperanza de una vida llena de posibilidades. La vida es y seguirá siendo dura, dinámica, con muchas oportunidades de adaptación. Y no hay mayor satisfacción en esta vida que salir vencedor ante cualquier obstáculo. Ver al problema a los ojos y decirle: "Si me tocas, rompemos el coliseo!" (voz del Invader #1).

Esto es el perfecto "reality check": no soy un motivador, ni un "life coach"... Soy un ser humano como tú, que a veces despierta que no le huelen "ni las azucenas". No siempre tengo palabras de aliento para los demás, mucho menos para mí. Pero he aprendido que el simple hecho de abrir los ojos cada día es razón más que suficiente para darme la oportunidad de ser feliz, de progresar, de vivir plenamente. Quitarme, borrar mi vida, no creo que sea la forma de dejar este mundo. Me iré al encuentro con el Señor con las botas puestas, luego de dar mi mejor batalla. No hay otra opción. De campana a campana, la vida me exige mis mejores golpes. Y los problemas... ¡pa'l saco!

viernes, 12 de agosto de 2011

El Dr. sin licencia, pero con mucho corazón.

Yo tenía que dar mi opinión sobre la alegada querella que una doctora en medicina radicó en contra del fundador de "Iniciativa Comunitaria", el Dr. José Vargas Vidot. Y es sólo una opinión: no espero que NADIE más la comparta.

Todo comenzó cuando esta persona, alegadamente llamada María Rodríguez, denunció que Vargas Vidot practica la medicina sin licencia. Lo de que no tiene licencia es verdad, pero el Dr. Vargas Vidot -me voy a referir a él como doctor porque le fue conferido un Doctorado Honoris Causa- se considera a sí mismo como "salubrista". Como todos sabemos, Iniciativa Comunitaria ofrece servicios de salud a deambulantes y usuarios de drogas. Lo hace vestido con "scrub" (ropa de sala de emergencias. Al parecer la "Dra." Rodríguez se sintió ofendida por esto). Y, para añadir, la afectada está molesta porque Vargas Vidot permite que le llamen "Dr."...

Este caballero ha renunciado a una vida de riquezas materiales por entregarse a su prójimo. Su existencia ha cobrado sentido en tender su mano al más necesitado, al marginado por nuestra sociedad. No se detiene por lo peligroso del lugar, sino que acude diligente al encuentro con el dolor ajeno. Se ha convertido, junto a sus voluntarios, en ángeles paseándose entre las tinieblas que hemos creado con tanta iluminación artificial...

No creo que el problema sea la "falsa representación". Es que la luz que emana su testimonio pone al descubierto nuestra indiferencia hacia nuestros hermanos. Quedamos en evidencia, "retrata'os"... Nos obliga a replantear nuestra relación con nuestros semejantes. No nos permite poner rejas entre nosotros y la realidad de la calle y pretender que nada pasa. Eso mismo hacemos cuando criticamos y atacamos a personas que, claramente, nos exceden en clase y valores. Somos tan mediocres que queremos proyectarnos en los demás, sobre todo si los demás nos recuerdan nuestras carencias...

Mire, doctora Rodríguez (si en verdad existe): deje de proyectarse. Siga en su burbuja de cristal, que nadie la extraña. Usted no tiene "ni un minuto de break" comparada con Vargas Vidot... ¡Charlatana!

Y a usted, Vargas Vidot: le agradezco en nombre de sus hermanos puertorriqueños el mostrarnos el rostro de Jesús a través del suyo y del de los más necesitados. Usted es una estrella. Nos falta para llegar a su nivel... Mucho.

Recuerden: en este cuadrilátero llamado vida, el momento de brillar llega poco antes de la campana final. Cuando nadie ve, cuando nadie cree, hay que reavivar la esperanza.

"Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron". (Mt 25,40)

martes, 2 de agosto de 2011

¡Dame la C! ¡Dame la O! ¡Dame la N! ¡Dame la F! ¡Dame la I! ¡Dame laA! ¿Qué dice? ¡CONFÍA!

"Confiar: Esperar con firmeza y seguridad" (Diccionario VOX Ilustrado de la Lengua Española, 14a. edición).

La simple acción de abrir un periódico de este país es equivalente a un acto de masoquismo. Desde la primera hasta la última página es un muy buen intento de amargarte la existencia... buen intento en el sentido de lo efectivo que resulta. Si no matan a 3 mozalbetes en la autopista, unos padres irresponsables asesinan con su negligencia o su maltrato físico a su indefensa criatura. Si no es que saquean las escuelas de este país, nuestros funcionarios electos forman un circo de insultos e improperios contra el adversario político, culpándolo del desastre que han provocado juntos por tantos años. Si no es que nos recuerdan que cada vez somos más pobres, vemos en los medios de comunicación cuanto payaso o payasa se presta para ridiculizarse frente a nuestros ojos y nuestras pantallas de TV. También.

Yo no sé ustedes, pero a mí me entra el espíritu de Bruce Lee para entrarle a patadas a dos o tres...

Lo importante es aceptar que este mundo sigue su curso prescindiendo de la esperanza. Es una resignación global, generalizada, como si no hay nada que hacer. Si, las cosas están malas, la calle no está fácil... Lo sé, y a veces me cuesta encontrarle sentido. Y con esas cargas llegamos a casa y tratamos de lidiar con la convivencia en el hogar... Hay que pagar las cuentas, los niños tienen problemas en la escuela, la pareja no se entiende, si estamos enfermos hay que bregar con la condición y el montón de medicamentos, y seguimos y seguimos...

Y tú te puedes estar reventando, pero el mundo sigue su curso. Entonces uno analiza qué opciones tiene: que se fastidie todo y dejo que me lleve la corriente; me vuelvo un rebelde y lucho contra mi entorno; o lucho CONFIANDO en que esta vida puede ser mejor con la actitud y las acciones correctas.

Yo CONFÍO que nuestros niños (con nuestra buena crianza) serán grandes líderes de nuestro país. Yo CONFÍO que, si transmitimos valores con la palabra y la acción, nuestra juventud y sociedad vivirán una vida más sana. Yo CONFÍO en que hay mucha gente buena que quiere servirle al país y que le podemos dar la oportunidad con nuestro voto. No a los partidos; a las personas. Yo CONFÍO que el amor que me unió a mi pareja la primera vez nos ayudará a comunicarnos y a llegar al entendimiento. Yo CONFÍO que, aunque el dinero no llegue en igual cantidad que antes, sabré establecer prioridades. Yo CONFÍO que la enfermedad no tiene poder sobre mi alma. Ataca al cuerpo, pero mi alma está en manos de mi Creador...

En este mundo hay que esperar con firmeza, aunque duela, aunque nuestra naturaleza humana nos diga lo contrario. Así como el mundo sigue su curso, así debo seguir confiando... En este mundo hay que esperar con seguridad, de que mi Creador vela mis pasos aún en la oscuridad y no dejará que me pierda. Confío en que tiene mi bendición esperando a que la reclame.

Este mundo no da ni pide tregua. Esta vida es dura, como un maratón que hay que terminar... Aunque sea caminando. Esta vida es como una pelea callejera, donde todo es válido. Y yo voy armado hasta los dientes, confiando en mi victoria. Porque en este cuadrilátero llamado vida, no hay "time-outs" ni se tira la toalla. Hay que pelear "de campana a campana".

“Por eso mismo estoy sufriendo ahora. Pero no me avergüenzo de lo que me pasa, porque yo sé bien en quién he puesto mi confianza”. 2 Timoteo 1:12a