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lunes, 27 de mayo de 2013

Tengo muchas cosas que decir...

Me he dado cuenta que lo único en esta vida que puedo controlar es lo que yo hago. Porque si, quisiera que este mundo sea mejor, más justo para todos. Pero me encuentro con lo mismo todos los días: en la calle, en el periódico, en la TV, en las redes sociales. Y no les miento  si les digo que, a veces, me dan ganas de largarme -no a otro país- si no a otro planeta.

Sin embargo, reconozco que como único yo cambio mi ambiente es siendo ese cambio. Y mientras todo esto suena muy lindo y poético, de nada sirve sin la acción correspondiente. 

No nos llamemos a engaño: ninguno de nosotros es Superman (no hablo contigo, Clark Kent). El cambio que debo provocar es donde estoy. En MI CASA, MI ESCUELA, MI TRABAJO, MI IGLESIA, MI PUEBLO. Pero, primero que todo, en MI. 

Debo aceptar de una vez y por todas que NADA en esta vida es regalado. Que la gente que amo, alguna vez, me va a fallar porque son tan humanos como yo, que también fallo. Que lo que aprendo en el salón de clases es mío para toda la vida. Que si en mi trabajo nadie me sirve de ejemplo, YO debo serlo. Que el testimonio que realmente convierte a los demás es el mío. Que, por más mala que esté la situación en mi país, los buenos SIEMPRE seremos más.

Tengo muchas cosas que decir, pero sentí que esto no podïa pasar de hoy. Un mensaje de esperanza no puede esperar. Para lo demás, habrá tiempo.




jueves, 21 de marzo de 2013

Sub-campeón

¿Que perdieron? Si. ¿Que República Dominicana le ganó tres veces? También. ¿Que se quedó corto Puerto Rico de nuevo? Quizás. O quizás no. En mi humilde opinión, la actuación del equipo de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol sobrepasó las expectativas de todos. Y nos trajo cosas muy buenas. Porque, aún con la derrota, hay razones para sonreir.

Primero, nos dio esperanza. Nos dio la oportunidad de soñar, de ver más allá. Y en una sociedad que adolece de buenas noticias, este equipo fue un farol brillante entre mucha oscuridad. Los imaginamos levantando el trofeo y, con ellos, todos nosotros. Nos vimos al fin celebrando. Los complejos desaparecieron. Y fue Puerto Rico, PUERTO RICO, quien le dio vida a un Clásico que hubiese pasado desapercibido aún con la gran actuación de Dominicana. Aún perdiendo, el público, el deporte, el país ganó.

También, aprendimos que el papel aguanta todo lo que le escriban. Descartaron al equipo porque no se veían los apellidos Alomar, González, Williams, Martínez, Baerga, y demás. Estábamos destinados a coger pela tras pela tras pela. Dos semanas después, Venezuela, USA, Japón, entre otros, miraban el Clásico desde sus casas mientras Puerto Rico jugaba la final contra Dominicana. Porque más importante que los nombres, son los hombres.

Nos montamos todos, TODOS, en la ola. Hasta los que hoy se burlan del equipo llamándolo Sub-campeón (como si fuese malo ser el SEGUNDO mejor equipo del planeta). ¿Alguno de nosotros es el segundo mejor del mundo en algo? Ah, eso pensé.

Pueden decir que hicimos el ridículo, que barrieron con nosotros, que jugamos como nunca y perdimos como siempre. Pero este juego por el campeonato del mundo fue una victoria para todos los puertorriqueños. Y me llena de alegría y la sonrisa en mi cara no se va. Me siento parte de una tierra de ganadores, de luchadores, de fajones.

#SoySubcampeón y con orgullo. La República Dominicana tiene mejor equipo... Pero el mío es Puerto Rico ayer, hoy y siempre.




viernes, 21 de diciembre de 2012

Nuestros niños y niñas merecen VIVIR

Hemos levantado el puño de la ira contra los más débiles. Los hemos torturado de las maneras más despiadadas. Los hemos masacrado a fuerza de plomo, los hemos descartado como basura, como objetos...

Ya los niños y niñas no son el futuro. Son las víctimas de un presente sin horizonte. Son el chivo expiatorio para todas nuestras carencias, problemas, vicios... Los hemos traido al mundo como bultos donde descargamos la violencia intrínseca de una sociedad que raya en lo anárquica y suicida. Una sociedad donde los adultos nos olvidamos que, alguna vez, fuimos niños.

Y, si ahora hemos llegado a esta edad, es porque recibimos un mundo donde las condiciones -lejos de ser perfectas- fueron suficientemente buenas para crecer. Ese derecho básico, ¿no lo merecen nuestros pequeños y pequeñas? ¿Donde puedan ir a la escuela, al cine, o acompañarnos a cualquier sitio sin temer por sus vidas? ¿Sin tener que ir armados a clase? ¿Donde no sean un pedazo de carne puesto en el congelador?...

Por años, nos hemos preocupado y hasta preparado para el inminente "fin del mundo." Y, de la mano, le hemos ido terminando el mundo a nuestra niñez. Egoístamente. Sin escrúpulos. Y aún así, ¿qué es lo único que recibimos de ellos? Amor sincero. Besos. Abrazos. Alegría verdadera. Sinceridad. Energía positiva.
Ellos y ellas son nuestro mayor tesoro, la semilla que dará fruto abundante. De ellos aprendemos la mejor forma de vivir: con corazón puro.

Nuestros niños y niñas merecen un mundo que les dé la oportunidad de construir y recorrer su propio camino. Un mundo que les permita crecer sin prisa. Un mundo que no los agreda, sino que los reciba como parte de él y los deje libres para vivir una vida plena. Si, nuestros niños merecen VIVIR. Entendámoslo de una buena vez.




(Imagen: edupni.com)