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viernes, 21 de diciembre de 2012

Nuestros niños y niñas merecen VIVIR

Hemos levantado el puño de la ira contra los más débiles. Los hemos torturado de las maneras más despiadadas. Los hemos masacrado a fuerza de plomo, los hemos descartado como basura, como objetos...

Ya los niños y niñas no son el futuro. Son las víctimas de un presente sin horizonte. Son el chivo expiatorio para todas nuestras carencias, problemas, vicios... Los hemos traido al mundo como bultos donde descargamos la violencia intrínseca de una sociedad que raya en lo anárquica y suicida. Una sociedad donde los adultos nos olvidamos que, alguna vez, fuimos niños.

Y, si ahora hemos llegado a esta edad, es porque recibimos un mundo donde las condiciones -lejos de ser perfectas- fueron suficientemente buenas para crecer. Ese derecho básico, ¿no lo merecen nuestros pequeños y pequeñas? ¿Donde puedan ir a la escuela, al cine, o acompañarnos a cualquier sitio sin temer por sus vidas? ¿Sin tener que ir armados a clase? ¿Donde no sean un pedazo de carne puesto en el congelador?...

Por años, nos hemos preocupado y hasta preparado para el inminente "fin del mundo." Y, de la mano, le hemos ido terminando el mundo a nuestra niñez. Egoístamente. Sin escrúpulos. Y aún así, ¿qué es lo único que recibimos de ellos? Amor sincero. Besos. Abrazos. Alegría verdadera. Sinceridad. Energía positiva.
Ellos y ellas son nuestro mayor tesoro, la semilla que dará fruto abundante. De ellos aprendemos la mejor forma de vivir: con corazón puro.

Nuestros niños y niñas merecen un mundo que les dé la oportunidad de construir y recorrer su propio camino. Un mundo que les permita crecer sin prisa. Un mundo que no los agreda, sino que los reciba como parte de él y los deje libres para vivir una vida plena. Si, nuestros niños merecen VIVIR. Entendámoslo de una buena vez.




(Imagen: edupni.com)

jueves, 12 de julio de 2012

La inconsistencia de la consistencia

"La inconsistencia es lo único en que los hombres son consistentes." Horace Smith

En mis eternos viajes mentales, me preguntaba de qué rayos iba a escribir en el dichoso blog para que la gente no se aburra (como si yo fuera el payaso del circo, que estoy para entretenerlos a ustedes, chorro de joyas). Bueno, en una de esas, me saltó a la mente una palabra que le han dado duro últimamente: consistencia.

Que si al Equipo Nacional le falta consistencia (claro, muy fácil practicando 2 semanas con la mitad del equipo), que si los políticos CONSISTENTEMENTE nos tratan de ver la cara de... oveja a nosotros (lo cual nos merecemos por votar estúpidamente), que si CONSISTENTEMENTE matan a dos o tres a tiros en las carreteras de Puerto Rico (ya ni siquiera es atropellado o accidentado), que si CONSISTENTEMENTE Maripily es la primera plana de los periódicos del país (lo cual CONSISTENTEMENTE me la pela de raíz)... Y yo me pregunto: ¿sabremos en esta isla qué significa la consistencia, ser consistente?

Ya saben el drill: voy a poner la definición del diccionario (como para que parezca que hice tremendo research)... CONSISTENCIA: f. 1. Propiedad de lo que es duradero, estable o sólido:
"la consistencia de sus argumentos no daba lugar a la réplica."
2. Cohesión entre las partículas de una masa:
"tienes que conseguir que la pasta tenga más consistencia." (referencia: www.wordreference.com)

Comencemos con la primera definición. Algo con consistencia es duradero, estable, sólido. Uno querría pensar que, por ejemplo, los valores de nuestra sociedad son consistentes. El problema es que si nosotros, los adultos, no damos el ejemplo a los más jóvenes, ¿cómo esos valores que decimos tanto atesorar van a pasar a las próximas generaciones? Valores como el amor, el respeto, la empatía, la honradez, la disciplina, la responsabilidad, entre otros, están condenados a morir de no ser transmitidos de forma consistente. Creceremos sin valores y sujetos a lo que vivimos ahora: una guerra civil.

¿Y qué de la segunda definición? Tiene mucho que ver. Si nuestra sociedad, que es tan diversa si analizamos persona a persona, no tiene ningún tipo de cohesión entre sus miembros, deja de ser sociedad. Es que ni siquiera en una misma familia escapamos de la diversidad. Entonces, ¿qué cohesión podemos lograr entre tanta gente? Yo no hablo de vínculos cercanos, porque es imposible yo conocer personalmente a 3 millones de personas. Mucho menos tener una relación con ellas. Pero si puedo tomar conciencia de los efectos de mis palabras y acciones en las demás personas. Debo aprender que ese contacto con mi prójimo transmite la esencia de quién yo soy y lo que creo al otro y lo impacta en mayor o menor forma en su carácter, su ánimo, su actuar... Y, sin querer, impacta cada ser humano al que se encuentre esa otra persona. Si a mi prójimo le transmito violencia, negatividad, desánimo, frustración, no puedo esperar que los demás enriquezcan mi vida con cosas positivas. Y, en consecuencia, nos seguimos arrancándonos las cabezas en la calle por estupideces.

Sin embargo, si cada uno de nosotros pone de su parte, un día a la vez, en vivir según los más altos valores, aportaremos a un verdadero fortalecimiento de nuestra sociedad. Estaremos unidos en uno, aún sin conocernos, y le quitaremos el control del país de las manos a los criminales, a los grandes intereses... No es de un día para el otro. Se necesita el compromiso de luchar, un día a la vez, para cada uno ser mejor en estas 24 horas que Dios nos entregó esta mañana. El ser consistente es, en mi opinión, una de las mayores cualidades del ser humano. No importa quien seamos ni en lo que creamos, seamos consistentes, auténticos. Y brindemos a los demás lo mejor de nosotros, un día a la vez. Nuestra sociedad lo necesita.

lunes, 25 de junio de 2012

La noche de los puercos

¡Qué bonito! ¿Qué es lo primero que veo en Facebook, Twitter y en los periódicos electrónicos de Puerto Rico el domingo? Fotos de las condiciones en que quedaron nuestras playas luego de la celebración de la Noche de San Juan. Hoy no voy a elaborar mucho: ¡que mucho puerco y puerca vive en esta isla!

¿Cómo es posible que disfruten de las playas y se vayan dejando las toneladas de basura que dejaron anoche? ¿O les gustaría que los invitados a una fiesta en su casa se la dejen igual? Eso es cosa de puercos.

Si nosotros no somos capaces de cuidar lo más básico que tenemos como seres humanos, la tierra en que vivimos, en mi libro perdemos el derecho de criticar cómo está la sociedad y quejarnos de los problemas sociales. ¿Con qué cara? Porque, si usted fue de los que ensuciaron la playa que visitó anoche, es un(a) puerco(a) y lo sabe. Y si no lo sabía, se lo aviso.

Puerto Rico es una isla como ninguna otra, y lo menos que debemos darle a cambio de brindarnos un hogar es amor, cuidado, respeto. Ya está bueno de que destruyamos el mayor regalo que Dios nos ha dado: nuestra tierra. Y no, no me tiene que dar igual esta vez porque haya pasado antes. El tiempo de cambiar lo que está mal siempre será el presente. Nunca será tarde para tomar conciencia y enseñar a las futuras generaciones el amor a la tierra. Todo empieza en casa. Eso es de gente agradecida. Y en este cuadrilátero llamado vida, hay que saber de dónde uno viene y ser agradecido por las oportunidades. Y nacer y/o vivir en Puerto Rico, digan lo que digan los estudios y dos o tres desubicados, es una bendición.