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sábado, 1 de noviembre de 2025

Mano, estoy tratando…


Mano, estoy tratando, de verdad que estoy tratando… 


Este último año ha sido un constante ejercicio de adaptación. Todo lo que pensaba que no iba a cambiar… cambió. Desde la hora de despertarme hasta la hora de cerrar por fin los ojos a (tratar de) descansar. Hace un año, perdí a la persona que hacia de esta casa mi hogar. Y con su pérdida, perdí mucho más. Porque esta casa cada vez está más vacía. 


Quedamos abuelo y yo. Nos quedamos solos ese primero de noviembre. Pasando los días lo más tranquilos posible. Pero estoy seguro que, como yo, se acuerda de tiempos más felices… y más acompañados. Pero al menos nos tenemos el uno al otro al final del día. Y lo cuidaré hasta que no pueda más. Al menos eso trato. Estoy tratando, de verdad. 


La casa no se ve igual, ni su fachada, ni sus muebles, ni sus paredes donde antes había muchas fotos. Fotos que están guardadas porque, ¿para qué acordarse? 


Un año más tarde, aquí estamos en la sala, abuelo recostado en el sofá, y yo escribiendo y desahogándome. Porque, aunque no soy tan relevante o tan visible como antes, sigo estando aquí, y sigo luchando. Porque así me enseñaron, y así seguiré. Porque queda gente por la que luchar. Empezando por mí.


Voy a seguir trabajando, seguir cuidando a abuelo, hasta empecé a estudiar de nuevo… Tengo que seguir haciendo todo lo posible por mantenerme y mantener a los míos a flote… porque eso me enseñó mi mamá. Mi mamá, que no dio ni pidió tregua y sacó a sus hijos adelante. Y lo menos que yo puedo hacer para honrarla es luchar. Porque dicen que “no hay mal que dure 100 años…”


Hoy, como todos los demás días, tocará vivir lo mejor posible, dentro de todo, con la esperanza de un mejor futuro. Porque, en este cuadrilátero llamado vida, uno honra a su maestro poniendo todo en la línea. 


¡Te amo, mamá, y te extraño mucho!

sábado, 14 de marzo de 2015

37



Treinta y siete años. La vida pasa muy rápido. Escribiendo estas palabras, reflexiono en lo vivido hasta hoy y, siendo muy objetivo, yo he vivido de todo. Y en mayor o menor medida, he tenido y he hecho de todo. Ha sido una vida en la que ha habido sus fracasos y sus decepciones, como todas. Pero han sido tantas y tantas las bendiciones y las alegrías que mi ánimo hoy es de celebrar la vida que Dios me ha dado y la que me ha tocado vivir. 

Celebrar los logros y las metas alcanzadas. Celebrar a la gente que he conocido y que estando o no aún conmigo me han hecho la persona que soy. Celebrar que aún estoy en pie de lucha. Celebrar lo que viene. Porque si algo he aprendido en esta vida es que lo mejor está por venir (sin alusiones políticas, plis, jajajajaja). 

Y aprender es lo principal que hacemos en esta vida. Aprendemos de nuestros errores. Y de las cosas que hacemos bien también, porque lo bueno no se cambia... Y de gente mucho más sabia que yo, he adquirido varios consejos que me han ayudado y me siguen ayudando día a día a intentar vivir la felicidad para la cual Dios me creó. Y son 37, ¡qué casualidad! Quizás les ayuden a ustedes también:


1- Sueña.

2- Ten metas.

3- Eres lo que haces, no lo que dices.

4- Mantén tu palabra.

5- Si te ofreciste a ayudar, no te quites hasta que el trabajo se haya hecho.

6- Sé amable. Todos tenemos nuestras propias luchas.





7- Aprende a escuchar, no solo a esperar tu turno de hablar.

8- De vez en cuando, trágate las cosas.

9- No obstante, la gente te respeta tanto como tú te hagas respetar. No te dejes manipular. Si alguien no te acepta, apártate.

10- Aprende a decir no.

11- Si no entiendes, pregunta antes que sea demasiado tarde.

12- No pierdas la tabla. Especialmente en el trabajo.

13- Si tienes que pelear, da primero y da duro.






14- Todo lo que ocurre es para bien.

15- De todos puedes aprender algo. De todos.

16- Enfrenta a los abusadores. Con que lo hagas una vez, bastará.

17- Pero cuidado con tú abusar: el que puedas no quiere decir que debas. 

18- Nunca alardees. Siempre habrá alguien mejor que tú en todo.

19- Si hiciste valer tu punto, no digas nada más.





20- Da crédito.

21- Admite que te equivocaste.

22- Nunca es tarde para una disculpa.

23- Perdona tus errores. Tienes derecho a fallar.

24- Sé paciente.

25- No aparentes. Se nota.

26- No te quejes, hay gente en peores situaciones que tú. Solo ve a un hospital, una cárcel, un hospitalillo...





27- Cuando no estés bien, actúa como si lo estuvieses. Las cosas positivas ocurren a la gente positiva.

28- Simplifica la vida. Hay gente experta en complicársela.

29- Ríe un poco más cada día.

30- Aprende al menos un buen chiste. (Ahí me salvé, me sé muchos, jajajajaja)

31- Sonríele a los extraños.

32- Estar viejo no lo determina a qué hora te acuestas.

33- No siempre serás el más fuerte o el más rápido. Pero si puedes ser el más duro.


34- Sé creativo y hasta comete locuras de vez en cuando.

35- Gestiona los cambios.

36- No dejes de escribir. Ya sea poesía, música, cuentos, o un blog como éste. Siempre alguien leerá, se identificará, lo hará parte de su vida. Así seas tú mismo.

37- Nunca es tarde para encontrar el sentido de la vida. Que lo conseguido no hipoteque tu porvenir. Esto no se ha acabado. Falta mucho camino por recorrer, mucha vida por vivir...

Gracias, Señor, por la vida que me tocó. Gracias por lo bueno y lo no tan bueno. Por el hombre en el que me he convertido. Gracias por la bendición... y por la crisis. ¡Por, al menos, 37 años más! 

¡Salud!




miércoles, 31 de diciembre de 2014

El roto en el techo


Vean esta foto. Ese es el techo de cinc del cuarto de la lavadora en casa. Notarán la pelota de roto que tiene. Se preguntarán: ¿qué compañía le habrá hecho ese "sun roof" al techo? ¿Cuanto le habrán cobrado?  ¿Y por qué no lo han terminado? Si usted se ha hecho alguna de esas preguntas, no sea payaso... Eso fue el proverbial y tradicional "cuarto de dinamita", que algún gracioso tiró ahí porque no tenía algo mejor que hacer y tenía ganas de JODER LA PITA. Si, hermano, si usted hizo esto es tremendo ca... Si, ¡que contento me pone esta foto! (y por "contento", quiero decir encoj...).

Dicho esto, les confieso que el mal rato del ruido que hizo eso al explotar es suficiente para querer guindar a la joya que lo hizo. Porque eso pudo haber estallado habiendo gente ahí y salir heridos. Ya el espacio del otro no es sagrado, ya no se respeta, y tiramos los petardos y si estás en medio, "such is life". Así estamos viviendo. Ya no podemos convivir. Ya no cabemos todos a la vez en esta isla. No hay tolerancia. Tolerancia, ese control propio ante las diferencias. La aceptación de la individualidad de cada uno. Sin importar si estamos de acuerdo o no. Y en momentos como estos es que la tolerancia es lo único que queda. No hay de otra. Porque este año no hemos mostrado ninguna, con solo ver el periódico nos daremos cuenta. Masacres  por doquier, familias enteras destruidas, peleas terminadas en desgracias... Y en este caso, no nos importa los daños que podamos causarle al prójimo con nuestros actos. Hacemos fiesta con lo que no nos cuesta y que el otro arree. Y que se atreva a decirme algo.. Y no me malinterpreten, no es que la gente no enfrenten las consecuencias de sus actos. Ojalá supera quien lo hizo, y que pague por ello. Pero hacerlo pagar no es lo que me toca, eso se lo dejo en las manos a Dios. A mi me toca actuar de manera diferente. En mi casa, en la calle, en mi trabajo, ejercer la tolerancia como quisiera que la mostrarán conmigo. ¿Qué no es fácil? Claro que no, Porque mira que hay gente difícil, yo mismo soy una de ellas. Y pues, la gente es como es, y el día que no aguante a alguien, es mejor comportarse como adulto y dejarlo que muera loco o loca. Todos tendrán su justo pago de acuerdo a como vivieron su vida. No puedo contribuir negativamente a una sociedad que ya es demasiado violenta. Yo puedo defender mis derechos y mis cosas en contra quien quiera hacerme daño. Pero reaccionar con agresión y violencia por cualquier cosa, eso sí que no se puede.

Este ha sido un año bien difícil para todos, de una u otra manera. Hemos perdido muchas cosas, muchas personas. Hay desesperanza en las calles. Cada vez se hace más duro el levantarse de la cama a dar lo mejor de uno. Y con todo y eso, ¿encima vamos a pasarnos la vida peleando, matándonos unos a los otros? ¿Haciendo el mal? En esta pequeña isla vivimos todavía mucha gente. Y nos guste o no, todos estamos montados en el mismo barco. Y tenemos que aprender a convivir y a tolerarnos. Porque nos estamos hundiendo.

A quien hizo eso, espero que lo hayas disfrutado, y deseo de todo corazón que no te pase a ti. Porque si eres capaz de causar daño por juego, no mereces ni mi enojo ni mi atención. Dios te bendiga y para ti y todo el que lea estas palabras, feliz año nuevo. Que suene la campaña... 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Todos tenemos nuestra propia guerra

Mañana se celebra el llamado "Día del Veterano", donde le rendimos honor a los que han peleado en las diferentes guerras, sirviéndole a su pueblo. Un homenaje muy merecido a aquellos hombres y mujeres que han sacrificado y hasta perdido sus vidas luchando por nuestra libertad (estemos de acuerdo con la guerra o no). Y también es un día para recordar la guerra que estos héroes pelean acá luego de terminar su misión: múltiples heridas y complicaciones físicas en cuerpos que estaban completamente sanos, problemas burocráticos para recibir los tratamientos físicos y psicológicos que necesitan, la realidad de que sus vidas no serán las mismas de ahora en adelante... No es fácil para ellos no allá ni acá. Pero, ¿y qué tiene que ver eso con nosotros? Quizás literalmente nada. Sin embargo, analizando nuestro diario vivir, cada uno de nosotros tiene su propia guerra, que pelea como puede y con las armas que tiene a la mano. Muchas de esas guerras tienen un fin noble. Otras, las perdemos desde el saque. Pero son nuestras guerras. Y nadie las puede pelear por nosotros.

Como la madre o el padre que cría sola o solo a sus hijos. Porque aunque los hijos son una bendición, criarlos sin el otro padre jamás será fácil. Ese vacío no es fácil de llenar. A veces es imposible. Y si a nosotros se nos hace difícil entenderlo, lo es mucho más el explicárselo a nuestros hijos si la razón de la ausencia es voluntaria y no aparece ni en las páginas amarillas. Pasan los días, los meses, hasta los años y ni rastro de mi papá (o mamá, aunque no lo creamos). No está ahí para despertarlos, para ayudarlos a prepararse, para darles el desayuno, para llevarlos y buscarlos a la escuela, para ayudarlos con las tareas, para llevarla a las prácticas del equipo, para contarles su cuento a la hora de dormir... El ejército eres tú misma o tú mismo, y la guerra es con las cargas diarias.

Y alguien que sabe de cargas es el que lucha con sus vicios. Esos mismos que se han apoderado de su cuerpo y su mente, y no le permiten pensar ni desear nada más. Todo pierde importancia: la familia, la pareja, el trabajo, los sueños, las metas... Te declaras la guerra a ti mismo, sin piedad. Y aplastas tu voluntad, y quedas a merced de la droga, del alcohol, de ese vicio que no te deja ser libre.

Aquel o aquella que tiene dos o tres trabajos para poder vivir, parece que vive encerrado. Salir de uno para entrar al otro. Y luego al tercero... Dile adiós a dormir, a divertirte, a estudiar, a tu familia, a tu vida social... ¿Y nos disfrutamos ese dinero? No, es para pagar, para intentar estar al día con la luz, el agua, el carro, la casa... Tú menciónalo y lo debes. No siquiera para ahorrarlo, da. Y si rompes noche, mucho menos vale la pena. Le declaras la guerra a la pobreza. Una guerra que peleamos muchos, a toda hora...

Como quien trabaja mientras tu y yo dormimos para nuestra seguridad o salud. Si, a los que nos gusta pelearle e insultar. A esos policías, bomberos, médicos que dejan sus familias para cuidarnos y protegernos a todos. Que aunque le deban dinero, se ponen el uniforme para cumplir con su deber. Mientras nosotros dormimos o jangueamos tranquilos. Si, siempre hay manzanas podridas entre ellos. ¿En dónde no? Pero para aquel que no ha roto noche nunca, no es fácil. Hay que hacerle la guerra a la vida fácil para poder seguir adelante.

Adelante, bien preparados, como quien estudia y adquiere conocimiento. Y decide que la ignorancia no lo va a marginar ni a doblegar frente al montón de listos y tramposos que, lamentablemente, viven entre nosotros. Porque el conocimiento siempre será poder. Y es algo que nadie te podrá quitar. Y abre puertas que no imaginamos. Es pelear por las oportunidades.

Y no hay mayor oportunidad que la vida misma. Y eso lo sabe mejor que nadie quien vive con una limitación física o mental. Ahí tu propio cuerpo te declara la guerra diariamente. Y tu mejor arma son las ganas y la voluntad de seguir adelante. Desde el simple acto de levantarte, vestirte, comer, escribir, leer, moverte puede ser una dificultad que puede doblegar a cualquier persona. Pero estas personas nos enseñan que, quizás, ese problema que vemos tan grande no lo es tanto.

Un problema que si es grande, y toca las vidas de muchos, es la violencia. Quien sufre de violencia libra una guerra prácticamente desarmado. La violencia conyugal. Contra los hijos. El bullying en las escuelas. El hostigamiento laboral. La gente matándose en las calles. Nuestra sociedad parece un escenario de guerra. Donde corres más peligro que en Irak...

Pero los buenos son más, los que dan la milla extra. Esos padres, esos maestros, esos empleados, esos misioneros, esos seres humanos que le declaran la guerra a la mediocridad, a la conformidad, y que trabajan por un mejor mundo. En sus casas, en sus empleos, sus salones de clase, sus iglesias, y adonde quiera que van. Y le enseñan al mundo el mejor de los rostros: el del amor al prójimo.

A quienes han luchado y hasta derramado su sangre para el bien de una nación, no hay palabras suficientes para darles las gracias, estamos eternamente agradecidos. Y a los que todavía luchan, en el frente de batalla y en su realidad diaria, mi respeto y apoyo. Hay que seguir... 

jueves, 24 de enero de 2013

¿Viejo y pela'o?

El título es un poco áspero, pero me explico... Si usted miró su talonario de pago de nómina y vio que le pagaron menos... ¡Felicidades! Su estancia en la clase media (pelá) será cada vez más larga.

Desde hace algún tiempo, su aportación al seguro social se igualó a la que hace el patrono a su nombre. 6.2% para ser exactos. Un aumento de 2% que parecerá 70...

Tomemos por ejemplo a alguien que gane $2,000 mensuales. Un 2% de $2,000 es igual a $40. Si lo multiplicamos por 12 meses, se convierten en $480. ¡Son buenos! Si le agregamos ese aumento a la aportación anterior, de $84 que el empleado aportaba al mes al seguro social ($1,008 al año; de todo el mundo menos el de él), aportará $124. Unos nada despreciables $1,488 anuales.

¿Usted sabe todo lo que se puede hacer con ese dinero extra, que nos están reteniendo para sostener un sistema obsoleto que por cada uno que aporta, 33 reciben beneficios? Y no me malinterpreten, en mi familia varias personas reciben este beneficio al que aportaron por años. Pero, ¿y los demás? ¿Los jóvenes de ahora, no deberían tener esa oportunidad también al momento del retiro?

Es más, el momento de recibir la paga por el trabajo, ¿no debería ser feliz? ¿O se va a limitar solamente en saber de dónde más me van a quitar dinero para tapar rotos en una maltrecha economía? ¿Esta sociedad seguirá golpeando a los que menos tienen para continuar vendiéndonos esta ilusión de que el Gobierno nos cuida? Porque yo no veo nunca a Jennifer López (sólo por poner un ejemplo) quejándose de que ese chequecito que recibe por cada show llega desfalca'o. Esos ejecutivos de Wall Street que reciben esos obscenos bonos de productividad estoy seguro no van a hacer una fila en la Avenida Barbosa para un voucher para una vivienda. Apuesto una bola... una trapo 'e bola que Ricky Martin no va al supermercado con una calculadora para no pasarse del dinero. ¿Ustedes han visto a Sila o a Cantero Frau empeñando un plasma en Oro Centro? Me extraña y me araña.

Nadie se va a preocupar por cómo se va a mantener ni en esta época ni en sus últimos años. Sólo usted y yo tenemos la responsabilidad de maximizar nuestros recursos actuales y, a la misma vez, asegurarnos a cada uno con un retiro digno. Las prioridades deben cambiar, nuestra lista de compra debe ser diferente, hay que adquirir hábitos de ahorro y cuidar (o rehabilitar en muchos casos) nuestro crédito. El LCD de 85 pulgadas puede esperar...

También, hay muchos instrumentos financieros que nos ayudarán a procurarnos una jubilación sin grandes necesidades. Cuentas IRA, 401(k), fondos mutuos, bonos del tesoro... El tiempo es ahora. La vida cada vez está más cara. El Gobierno nos ha dejado desprovistos a los más jovenes de las ayudas más importantes para nuestra vejez. ¿Pero cuándo no nos falla el Gobierno? Los tiempos se perfilan difíciles. Pero muy bien lo dice el conocido refrán: "a Dios rogando... y con el mazo dando." Dios siempre provee. Sólo hay que poner manos a la obra.


lunes, 24 de diciembre de 2012

Sin crisis no hay Navidad...

Yo me imagino cómo fueron esos días. José con su María, embarazada a punto de parir, de camino a Belén. Y digo "me imagino" porque llevarla sobre un burro -no importa qué linda sea la canción- debió hacer el camino mucho más largo. Sumémosle los dolores característicos de las últimas etapas del embarazo y no estaba fácil.

Y para completar, tras de que tenías que zumbarte al cuerpo ese maratón para un dichoso censo, no consiguieron posada para pasar la noche. Ni siquiera por estar María casi pariéndose. Y pensar que aquí lo cogen de excusa para colarse en las filas de Krispy Kreme o del Viernes Negro...

Estar en los zapatos de José esa noche estaba cañón. No solamente era su amada esposa: ese niño no era cualquiera. Era el Hijo de Dios. Claro, como Dios SIEMPRE provee, alguien les prestó un pesebre para pasar esa noche. No era por supuesto el sitio más limpio, estaba lleno de animales, pero ya había sitio para que Jesús naciera. Y quienes fueron a adorarle fueron testigos de cómo Dios se manifiesta aún en la más crítica de las situaciones.

Este año ha sido eso mismo: una constante crisis, que probablemente dure más de estos 366 días. En el seno familiar, en las escuelas, en el trabajo, en la calle, en todos los ámbitos de la sociedad... La crisis es más que unos bonos degradados: es el no haber aprendido a convivir, el no aceptar nuestra responsabilidad en esta desintegración social que vivimos, el haber olvidado los valores que nos fueron inculcados y no transmitirlos. Si, valores. Nunca dejan de hacer falta.

Este camino "a Belén" ha estado lleno de violencia, de odio, de divisiones, de codicia, de materialismo... Y se ha hecho demasiado largo. Ya es hora de pasar de la crisis a la Navidad. Es hora que Jesús nazca y esté con nosotros. Es hora de permitir que se aloje en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestro pueblo, y compartir con Él esta aventura llamada vida. Y que la recorramos con Él. Porque eso es la Navidad: una nueva vida, una nueva esperanza. Y aunque sin crisis no hay Navidad, el verdadero camino comienza cuando Jesús nace en nuestro Belén.

Feliz Navidad.

(Imagen: fondospantallagratis.es )

jueves, 29 de noviembre de 2012

Habemus donas



¿Qué es lo mejor que uno puede hacer a las 5:00 am? (hablo de lo mejor, no lo más divertido): D-O-R-M-I-R. Y más cuando hay que levantarse a las 5:45. Peeeeeero estamos a finales de noviembre y, sinceramente, dormir puede esperar. ¿Por qué yo escogería mi cama súper cómoda cuando podría estar haciendo fila... desde el mediodía anterior... frente a una tienda de efectos electrónicos o juguetes? ¿O mejor aún (con "mejor" significando "más ridículo"), estar a las 5 am en una fila para comerme una contrayá dona?

Al parecer a la gente en este país, el dinero le crece en plantíos. Tienen un "palo de chavos" en el patio de la casa y cosechan a diario. Mano, porque en Navidad nos da guille de Héctor el Father (que en paz descanse) y vamos tortosos a las tiendas a dejar el bono y lo que no es el bono en cosas que no necesitas o que acabaste de comprar hace 2 meses. ¿Para qué necesito un LCD de 70 pulgadas si tengo uno de 60? ¿Para ver a la Dra. Polo? ¿Para ver Pico y Espuelas? Y el carro con las gomas con un festival de alambres saliéndoles. Y el gabinete más desierto que una Junta de Inscripción Permanente en año no electoral. Y la cuenta de banco más vacía que un bolsa de papitas Lays.

¿Qué me enseña esto de nuestras prioridades como sociedad? Aparentemente las cosas que valen para nosotros se miden en dólares y centavos. O en cuánto impresionamos a los demás con lo que compramos. Para nosotros, las cajas vacías al frente de la casa son como trofeos que nos encanta mostrar. Pero las cosas están malas...

Imagínense si están malas que hay gente dispuesta a meterse a una fila al amanecer de Dios para ganarse una dotación anual de donas. Una asfixiaera criminal. Y no van solos. A cuanto menor de edad se pueden llevar se llevan a pasar peligros. Y si son mujeres embarazadas, mejor porque las dejan pasar primero.

Nada en contra de las donas: si alguien disfruta tan exquisito manjar es este servidor. Pero mi tiempo de descanso, de compartir con mi familia es SAGRADO. No es para dedicárselo a San Sears o San Walmart. Ni menos a la Casa Protegida Jennifer González, Krispy Kreme. Mi tiempo es para producir y para disfrutar. Producir con mi esfuerzo y trabajo. Disfrutar con el fruto de los mismos. ¿Alguien piensa igual que yo? Revisando mi timeline de Twitter, encontré algunos ejemplos:







¿Qué tú me dices? ¿24 horas en una fila?¿Por donas gratis? Y si, concuerdo con Jay Fonseca: esa diligencia bien dirigida ayudaría a nuestro país a salir adelante. Y no es tanto cuestión de criticar al que lo haga. Es que si nadie cuestiona nada, nos hundimos todos. Nos hundimos entre muchas cosas materiales que acumulamos y que dejan sin espacio a nuestros sueños. Nos hundimos en filas interminables que no nos llevan a ningún lado y que nos quitan lo más valioso: el tiempo vivido siendo felices. Mientras el sentido común sea opcional para nosotros, el término "Viernes Negro" será más lo segundo que lo primero. Y las donas no sabrán tan dulces ná.


viernes, 9 de noviembre de 2012

Nadie es indispensable

Yo he visto cosas en esta vida: cosas increíbles, cosas inverosímiles... y las elecciones esta semana. Ni una prueba casera de embarazo nos ha tenido tanto en tensión como el conteo de votos este pasado martes. O sea, ¿en serio? ¿Tanto tiempo? Para eso que cuenten los partidos, que ya a las 3:35 pm tenían 800,000 votos contados.

Bueno, pero lo que me motiva a escribir esta entrada es la que - en mi humilde opinión - es la mayor lección aprendida por todos nosotros luego de este ejercicio electoral: humildad, o en otras palabras, nadie es indispensable.

El mayor problema de algunos políticos de carrera en Puerto Rico - y, en ese sentido, de mucha gente - es que están demasiado confiados en su finquita que se enajenan de la realidad mencionada en el párrafo anterior. No evolucionan, no se adaptan, se convierten en versiones obsoletas de sí mismos. Entonces viene el "New Kid on the Block" y lo echa a un lado.

Eso mismo pasa con nosotros. Nos dormimos "en los 3 segundos" en nuestras relaciones, nuestros empleos, nuestras familias... Y, de momento, somos un "cero a la izquierda". Nos suplantan, nos despiden, nos echan a un lado.

En esos precisos momentos nos cae la agüita bien fría de la humildad. Ahí vemos y reconocemos que - así como la vida es dinámica y llena de cambios - nosotros debemos reinventarnos todos los días. Buscar aprender algo nuevo, hacer algo diferente que exija el uso de mis talentos, mantener viva la llama que nos quema por dentro. Es una tarea diaria, porque sólo vivimos un día a la vez.

La humildad no significa humillación. La verdadera humildad no es mala. La humildad nos debe permitir apuntar a las estrellas... mientras tenemos los pies bien puestos sobre la tierra. Es una oportunidad que tenemos que darnos todos una que otra vez. No importa si perdimos una elección o nuestro empleo.

Perdiendo ganamos: experiencia, sabiduría, paz, tranquilidad, auto-conocimiento... Y mucho tiempo libre para reflexionar en el camino recorrido.

El momento de la dura lección es ahora. El momento de crecer y evolucionar es DESDE ahora. Ya el viento secará mis lágrimas al caminar...

(Imagen cortesía http://www.desmotivar.com) 


lunes, 17 de septiembre de 2012

El retiro no es "cáscara de coco"

Eran las 4 de la tarde y nuestro jefe nos dijo que era su último día con nosotros. Que le habían certificado sus años de trabajo y ya era momento de irse. Luego de más de 30 años de servicio público. Yo tengo 34 de edad. No son cáscara de coco. Es una vida entera.

Pero pasa muy rápido. Y más cuando estás trabajando. Llega el lunes y ya esperamos con ansias el viernes. Queremos acelerar el tiempo y no nos damos cuenta que al tiempo nada ni nadie lo detiene.

Hubo un momento en el cual la tristeza se hizo presente, y no era para menos. Cuando te despides de un lugar que se convirtió en tu segundo hogar, y de un grupo de personas que eran tu segunda familia, prácticamente es como un sentimiento de duelo. No importa si pasaste infinidad de malos ratos o decepciones. Las experiencias, las alegrías, las amistades, haber dado el máximo de nuestras capacidades... Todo eso duele al momento de irse.

Al momento de darle un abrazo a mi jefe, le dije: "Felicidades. Disfrute su retiro. Descanse mucho. Gracias." Porque no es momento de llorar ni de sentir tristeza. Es momento de reflexionar en lo vivido y ser agradecido por todas las bendiciones recibidas y por la oportunidad de servir al prójimo.

Por mi parte, cuando un ser querido parte, la mejor forma de honrarlo es viviendo sus mayores valores y cualidades. Que su paso por mi vida no haya sido en vano. Así como mi paso por la vida de otros tampoco puede ser en vano. Ningún día puede pasar en vano. En un dos por tres, pasan 30, 35, 40 años y me llegará el momento de decir adiós. En este cuadrilátero llamado vida, llega el momento en que los golpes son demasiados y hay que enganchar las botas. Ojalá ese momento sea de alegría y satisfacción por haber dado "una buena función."

viernes, 14 de octubre de 2011

Nuestras prioridades...

"Buenos días! Veo la fila para comprar el #iPhone4S y una palabra llega a mi mente: ridiculez. Atte. Usuario de iPhone..."

Este fue mi primer status/tweet del día de hoy. Y no se engañen: un teléfono así debe ser un palo, y me gustaría probarlo y, por qué no, tenerlo. Pero de ahí a hacer una fila toda la noche... eh, si, mijo, si...

Y eso me lleva al famoso "Viernes Negro"... El año pasado le dediqué la friolera de 10 MINUTOS... ¡MINUTOS! a las ventas del madrugador. Y fue que entré a Radio Shack a ver un Bluetooth que vendían a $10. VER, no comprar. Ahora no vengan a decirme Papo Codos de Acero...

Uno ve esas filas interminables y piensa que el propósito es uno totalmente loable: donar sangre, ofrecerse como voluntario para alguna obra benéfica... Pero no. Es para comprar un teléfono que será obsoleto en 6 meses. O para comprar tu 3er o 4to plasma. O para que los "Reyes Magos" te den un juego de mesa que te sale en $5 en Topeka (esos son los mejores), pero te gastaste $10 en gasolina buscando parking...

¡Qué voluntad mostramos para adquirir todas estas cosas materiales! ¡Cuán persistentes somos para tales trivialidades! Total, para aparentar... Para sentirnos menos vacíos. Porque para mí es más importante estrenar ropa todas las semanas, cambiar el celular cada 3 meses, el equipo de música en el carro, andar "filoteao" 24/7... Pero la casa hecha cantos, no ahorro, no coopero ni dentro ni fuera de la casa, parece que me hablan malo si me piden algún donativo, critico cualquier manifestación de protesta pero no doy cara...

Si así de temprano como voy a hacer el ridículo en la fila del iPhone, fuera a la iglesia a darle gracias a Dios por sus bendiciones... Si así de presto fuera a la escuela de mis hijos a hablar con sus maestros... Si con ese interés fuera a trabajar y brindar un servicio de primera... Si me moviese así para visitar y ayudar a ese familiar que está solo...

Porque nos quejamos y nos seguimos quejando de lo jooooo que está la sociedad, de que la gente joven se está perdiendo, que ya no hay valores, que las prioridades de la gente, de mi gente, están totalmente invertidas... Y sí, hay algo de verdad en esas afirmaciones. ¿Pero de quién es la culpa? ¿De la escuela? ¿O del gobierno? ¿Qué tal la iglesia? ¿O la policía? ¡No, es de cada uno de NOSOTROS! Somos los modelos de nuestros hijos, ¿cuándo lo vamos a entender? Sus creencias, sus valores, sus costumbres vienen de nosotros. Somos nosotros los que debemos auto-evaluarnos y analizar nuestras actitudes ante las cosas realmente importantes. Sólo así no convertiremos nuestra sociedad en un gigantesco shopping mall. Mi familia, mi educación, mi trabajo, mi hogar, mis metas, mi felicidad... Mis verdaderas prioridades. Piénsalo en lo que te atienden...