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martes, 26 de abril de 2016

Mi radiador roto

Por fin, luego de varios años, tenía carro para mi uso diarios. Y aunque no tenerlo no me detuvo para hacer mis cosas, no les niego que es una comodidad. La libertad e independencia de movimiento es invaluable para mí. Claro, uno sabe que las cosas se dañan con el uso, ¿pero quién pensaba en eso ahora? Uno sigue su vida lo mejor que puede, y nada más.

Hasta que, de momento, el aire acondicionado empieza a tirar aire caliente, y el radiador del carro a botar el coolant. Mi compañero me avisa rápido y apago el carro. El radiador dijo caput. Eso solo significaba una cosa: de nuevo, a pie. Miré mi cartera y habían 10... 10 moscas y 4 mosquitos del Zika. Miro el balance de mi cuenta bancaria y está más vacía que la mirada de Jovani Vázquez. O sea, ese día yo no iba a resolver nada.

No es la primera vez que se me daña un carro, ni la primera vez que estoy pela'o, ni la primera vez que no tengo una solución rápida a un problema. Y no van a ser las últimas. Pero en esta ocasión, había algo diferente. Una sensación algo desconocida para mí en estos casos. Sentía tranquilidad. No era la situación en la que deseaba estar, pero no me quitaba el sueño. Créanme, en esos momentos no habían muchas opciones. La única: confiar en que Dios siempre provee, solo tenía que mantenerme en pie de lucha.

Hay momentos en la vida que te muestran cuánto has madurado, crecido, aprendido. Y les confieso, a mí todavía me falta mucho de todo eso. Soy una obra en proceso, sin vistas públicas. Pero se han hecho avances, se han vivido muchas cosas en las que se me ha puesto a prueba y, dándole gloria a Dios, puedo decir que sigo en pie. O a pie, como hasta ayer. Pero en pie viviendo lo mejor que puedo.

Ya se le cambió el radiador al carro gracias a Dios, a través de ángeles que puso en mi camino. Debo ese dinero, y me toca trabajar para reponerlo. Pero la tranquilidad, la independencia, la comodidad, la enseñanza que me dejó mi radiador roto no tiene precio. Porque en este cuadrilátero que llamamos vida, la experiencia ganada lo es todo...

miércoles, 31 de diciembre de 2014

El roto en el techo


Vean esta foto. Ese es el techo de cinc del cuarto de la lavadora en casa. Notarán la pelota de roto que tiene. Se preguntarán: ¿qué compañía le habrá hecho ese "sun roof" al techo? ¿Cuanto le habrán cobrado?  ¿Y por qué no lo han terminado? Si usted se ha hecho alguna de esas preguntas, no sea payaso... Eso fue el proverbial y tradicional "cuarto de dinamita", que algún gracioso tiró ahí porque no tenía algo mejor que hacer y tenía ganas de JODER LA PITA. Si, hermano, si usted hizo esto es tremendo ca... Si, ¡que contento me pone esta foto! (y por "contento", quiero decir encoj...).

Dicho esto, les confieso que el mal rato del ruido que hizo eso al explotar es suficiente para querer guindar a la joya que lo hizo. Porque eso pudo haber estallado habiendo gente ahí y salir heridos. Ya el espacio del otro no es sagrado, ya no se respeta, y tiramos los petardos y si estás en medio, "such is life". Así estamos viviendo. Ya no podemos convivir. Ya no cabemos todos a la vez en esta isla. No hay tolerancia. Tolerancia, ese control propio ante las diferencias. La aceptación de la individualidad de cada uno. Sin importar si estamos de acuerdo o no. Y en momentos como estos es que la tolerancia es lo único que queda. No hay de otra. Porque este año no hemos mostrado ninguna, con solo ver el periódico nos daremos cuenta. Masacres  por doquier, familias enteras destruidas, peleas terminadas en desgracias... Y en este caso, no nos importa los daños que podamos causarle al prójimo con nuestros actos. Hacemos fiesta con lo que no nos cuesta y que el otro arree. Y que se atreva a decirme algo.. Y no me malinterpreten, no es que la gente no enfrenten las consecuencias de sus actos. Ojalá supera quien lo hizo, y que pague por ello. Pero hacerlo pagar no es lo que me toca, eso se lo dejo en las manos a Dios. A mi me toca actuar de manera diferente. En mi casa, en la calle, en mi trabajo, ejercer la tolerancia como quisiera que la mostrarán conmigo. ¿Qué no es fácil? Claro que no, Porque mira que hay gente difícil, yo mismo soy una de ellas. Y pues, la gente es como es, y el día que no aguante a alguien, es mejor comportarse como adulto y dejarlo que muera loco o loca. Todos tendrán su justo pago de acuerdo a como vivieron su vida. No puedo contribuir negativamente a una sociedad que ya es demasiado violenta. Yo puedo defender mis derechos y mis cosas en contra quien quiera hacerme daño. Pero reaccionar con agresión y violencia por cualquier cosa, eso sí que no se puede.

Este ha sido un año bien difícil para todos, de una u otra manera. Hemos perdido muchas cosas, muchas personas. Hay desesperanza en las calles. Cada vez se hace más duro el levantarse de la cama a dar lo mejor de uno. Y con todo y eso, ¿encima vamos a pasarnos la vida peleando, matándonos unos a los otros? ¿Haciendo el mal? En esta pequeña isla vivimos todavía mucha gente. Y nos guste o no, todos estamos montados en el mismo barco. Y tenemos que aprender a convivir y a tolerarnos. Porque nos estamos hundiendo.

A quien hizo eso, espero que lo hayas disfrutado, y deseo de todo corazón que no te pase a ti. Porque si eres capaz de causar daño por juego, no mereces ni mi enojo ni mi atención. Dios te bendiga y para ti y todo el que lea estas palabras, feliz año nuevo. Que suene la campaña...